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mardi 3 juin 2014

Presentacion del libro ¿Cómo no quererte Alba? por Iñaki Gonzalo Kitxu

Compañeras y compañeros,


Aquí la invitación que nos hace el Colectivo Vasco en El Salvador para asistir el viernes próximo 6 de junio a las 5.30 pm en el Centro Cultural Nuestra América a la presentación del libro "¿Cómo no quererte Alba?" sobre la internacionalista vasca  Begoña García Arandigoyen -"Alba", caída en nuestra revolución.

Aprovecho para regalarles algunas fotos del evento de ayer lunes en Nuestra América sobre la lucha actual por la independencia del pueblo vasco. Participaron entre otr@s 2 diputad@s vascos y el autor del libro, Iñaki Gonzalo Kitxu, quién acaba de cumplir una pena de 19 años en las cárceles de España todavía franquista.

Iñaki Gonzalo Kitxu, autor de ¿Cómo no quererte Alba?



Sinopsis del libro publicado por la editorial Txalaparta.

El 10 de septiembre de 1990, la joven médico de Gares, Begoña García Arandigoyen, Alba, resultaba herida de bala durante un enfrentamiento entre una patrulla de las Fuerzas Armadas de El Salvador y una columna de la guerrilla Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). Según la versión oficial, la brigadista vasca murió a consecuencia del cruce de disparos entre ambos. Sin embargo, la realidad fue otra: Alba fue herida, y capturada viva por los militares salvadoreños. Después, fue violada, torturada y ejecutada con un tiro en la nuca. La joven formaba parte del personal sanitario de aquella columna guerrillera que fue acribillada a tiros en los cafetales de las faldas del volcán de Santa Ana.


Presentacion del libro en Bilbao, el 22 de mayo de 2014.





vendredi 12 juillet 2013

Begoña García Arandigoien, medico internacionalista.(2)

Fue ejecutada extrajudicialmente

La Comisión destinó un apartado especial a la ejecución extrajudicial de la joven navarra: «caso García-Arandigoyen». Y concluyó lo siguiente: Por un lado, que Begoña «fue ejecutada extrajudicialmente por efectivos de la cuarta compañía BIC PIPIL de la Segunda Brigada de Infantería bajo el mando inmediato del teniente Roberto Salvador Hernández y el mando superior del teniente coronel del Ejército, José Antonio Almendáriz (hoy día diputado del conservador Partido de Conciliación Nacional PCN), Ejecutivo de la Segunda Brigada». Y, por otro lado, que «dichos oficiales encubrieron el hecho» con la colaboración de la tercera comandancia de la Policía Nacional, así como los peritos y las autoridades judiciales que reconocieron el cuerpo sin vida.

El rotativo digital conservador "La Prensa Digital'' publicó un extenso reportaje sobre el fatal desenlace de la joven vasca que llegó a El Salvador para ejercer como personal sanitario. Almendáriz, que gracias al decreto de 1993 sigue con inmunidad sobre su responsabilidad en crímenes de guerra, defendió desde el principio, contra viento y marea, la versión oficial de que García Arandigoien falleció en un cruce de disparos, pero finalmente, hace unos años, declaró lo siguiente: «Yo, personalmente, he pedido perdón infinidad de veces en público por lo que cometí en mi odio. Hoy soy cristiano y sé que en vez de humillarme, eso me ha granjeado un mayor perdón de Dios. Siento que me he quitado un gran peso de encima porque he pedido perdón, pero también he perdonado a quienes asesinaron de 50 balazos a mi padre».

El 21 de septiembre, el embajador español en El Salvador aterrizaba en Barajas junto a los restos mortales de la médica navarra. El embajador entregó a Peio varias fotografías que la embajada tomó al cadáver después de desenterrarlo de la fosa en la que permaneció al menos cuatro días. El día siguiente, el cuerpo sin vida de la cooperante navarra llegaba al Hospital de Navarra para efectuarle una autopsia. Begoña García recibió seis disparos; una de ellas en la nuca. El sepelio, multitudinario, se llevó a cabo al día siguiente en Gares, en el que el día 22 fue designado como jornada de recuerdo de la joven médica. La autopsia se sumó a los expedientes judiciales abiertos en Iruñea; el juez ordenó un examen más exhaustivo. Un mes más tarde se supo que el orificio de la nuca fue por un disparo realizado «a corta distancia», exactamente a dos centímetros. A mediados de noviembre la Embajada española mandó una carta de protesta a la cancillería salvadoreña; incluía la autopsia realizada en Iruñea, que contradecía frontalmente la versión oficial.
«De todo logra sobreponerse uno...»
El reportaje publicado en un diario digital de El Salvador, narra cómo el teniente Roberto Salvador Hernández organizó un grupo de militares para verificar una información sobre un mitin que habría celebrado el ERP días antes en las inmediaciones de Santa Ana. Relata cómo dieron con los guerrilleros, cogidos in fraganti, y dispararon directamente.

El Ejército envió un equipo militar para verificar las consecuencias del enfrentamiento. Acudieron un técnico del laboratorio criminalístico y también un fotógrafo. El relato afirma que encontraron dos cadáveres de dos mujeres en el patio de la finca militar del Ejército. No hubo ningún reconocimiento judicial y enterraron los cuerpos. Dos días después el cónsul de la Embajada española acudió a negociar la exhumación de los cadáveres. El encargado fue el ejecutivo de la brigada, José Antonio Almendáriz, ahora diputado. Se abrieron investigaciones que no llegaron a nada. Un año después la Comisión de la Verdad concluía que la brigadista había sido ejecutada.

«De todo logra sobreponerse una persona, incluso del miedo». Parece ser que ésa fue la última frase que la joven médica empleó en Nicaragua, horas antes de entrar en El Salvador, para responder al guerrillero exiliado que le advirtió sobre los riesgos de la guerra.

Cada 22 de septiembre en Gares se recuerda a la joven médico fallecida en El Salvador; en la pancarta que se colocó en el ayuntamiento el día que su cuerpo llegó al pueblo se podía leer lo siguiente: “Amabas a tu pueblo, a tu valle, a tu gente. Dabas todo de ti y no pedías nada. ¿Cómo no quererte?”

samedi 6 juillet 2013

Begoña García Arandigoien, medico internacionalista. (1)

El 10 de setiembre de 1990, en el departamento salvadoreño de Santa Ana, la médico de Gares, Begoña García Arandigoien (Alba), resultaba herida de bala durante un enfrentamiento entre una patrulla de las Fuerzas Armadas de El Salvador y una columna de la guerrilla Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). La versión oficial fue que la brigadista vasca murió a consecuencia del cruce de disparos entre ambos.


La realidad, en cambio, distaba mucho de eso. Begoña García fue herida, pero capturada viva por los militares salvadoreños. Después, fue violada, torturada y ejecutada con un tiro en la nuca, además de recibir otros cinco disparos en el cuerpo y sufrir roturas del fémur y los dos brazos. La joven formaba parte del personal sanitario de aquella columna guerrillera que fue acribillada a tiros en los cafetales de las faldas del volcán de Santa Ana.


Begoña Garcia Arandigoien, vistiendo una camiseta del Diecimo aniversario de la Revolucion Sandinista (1989)

Han transcurrido años desde que Begoña García Arandigoien, que entonces tenía 24, perdiera la vida a manos del Ejército Salvadoreño. Ahora, dos décadas más tarde, han aflorado más datos sobre la ejecución. Se ha conocido la versión de quienes flanquearon la columna guerrillera y cómo transcurrieron los siguientes días desde el prisma de los militares salvadoreños. Al descubrirse que se trataba de una cooperante extranjera, la repercusión internacional puso en el ojo del huracán a la cúpula que dirigía con mano de hierro la república salvadoreña; un régimen que cegó la vida de decenas de miles de personas, entre ellas la del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, de las cuatro monjas Mariknol o las de seis jesuitas, encabezados por Ignacio Ellacuría, en 1989.

La médica vasca, que había cursado la carrera de Medicina en la Universidad de Navarra, llevaba años cooperando en la Cruz Roja de carreteras y estaba trabajando como médica interina en el quirófano de un hospital de Iruñea. Rondaba el año 1988 cuando decidió abandonar este modo de vida y cogió un avión en Bilbao rumbo a Managua, la capital de Nicaragua. Fue allí cuando conoció a un guerrillero del ERP que estaba en condición de exiliado. Rafael Velázques, a su vez, tuvo conocimiento de que la vecina de Gares -aunque nacida en Alicante el 11 de marzo de 1966 tras el exilio al que se vieron forzados sus padres debido a la persecución franquista- era una joven brigadista de Askapena. «Española, ¿verdad?», le preguntó de forma directa Velásques en su primer encuentro con Begoña García. «Vasca», espetó ella de forma tajante.
La médico de una columna guerrillera

Era octubre, cuando llegó a Managua, y tenía intención de permanecer tres o seis meses. Pero, tal y como señalaba a sus padres en una carta, se sentiría «culpable de abandonarles», a los nicaragüenses, si volvía a Euskal Herria. Finalmente se comprometió a regresar para las navidades de 1990.

Un año después de que llegara a Nicaragua, «Alba» entró en El Salvador. Así era como la conocían los salvadoreños. Era el 20 de septiembre de 1989. Aunque indicó a los de la aduana el lugar en el que se iba a hospedar, Begoña García Arandigoien se dirigió directamente a la zona controlada por el Ejército Revolucionario del Pueblo del FMLN. Allí pasó a formar parte de una columna guerrillera como médica.
Un guerrillero llamado Hércules, según recoge el citado medio, compartió con ella los últimos momentos de su vida. Aquél 10 de septiembre era un lunes. La columna guerrillera se adentró en unos cafetales, en la ladera del volcán Santa Ana. Tuvieron conocimiento de que un grupo del Ejército había acampado cerca la noche anterior. Dada la escasa protección que ofrecen los cafetales, la cuadrilla guerrillera debía andar casi en cuclillas para no superar el 1,5 metros de altura. Fue la misma brigadista vasca la que, sobre las dos de la tarde, alertó al mando guerrillero de ruidos que creía haber oído. Acto seguido, el silbido de los continuos disparos se apoderó de la quebrada en la que estaban apostados los guerrilleros. Después del tartamudeo de las metralletas solo se escuchó un grito; un proyectil había alcanzado a la brigadista de Gares.

Nada más se supo de Begoña García... hasta dos días después. No era, además, la única del grupo que seguía desaparecida tras la huida forzada por los disparos del Ejército. La radio Venceremos, emisora del FMLN, informó de que «Begoña García, compañera internacionalista de origen vasca, fue asesinada salvajemente por el Ejército en un hospital de campaña en el cantón La Montañita, del departamento de Santa Ana, el pasado 10 de septiembre...». A la misma hora y a miles de kilómetros de distancia, desde Euskal Herria, un amigo íntimo de Begoña sintonizaba la misma emisora. Peio sabía que el día 11 o 12 de septiembre, a lo sumo, Begoña estaría en Santa Ana, localidad en la que iba a trabajar en protección civil. Fuera de la selva; y fuera, en parte, del conflicto directo.

dimanche 26 mai 2013

Madeleine Lagadec, un caso cerrado tras 20 años de movilización.

La enfermera francesa Madeleine Lagadec fue asesina en 1989 por elementos de la Fuerza Aérea mientras trabajaba en un hospital guerrillero, situado en el cantón El Tortuguero, de San Ildefonso, en el departamento de San Vicente.

De acuerdo a las investigaciones francesas, Madeleine Lagadec fue torturada, violada y asesinada por elementos de la Fuerza Aérea Salvadoreña, durante un ataque que el ejército lanzó contra el mencionado hospital, hecho ocurrido el 15 de abril de 1989.


Las causas de la muerte de la joven, que desde 1983 estaba en América Central con los revolucionarios sandinistas, fueron confirmadas por una autopsia y expertos en balística, una vez que el cuerpo fue repatriado a Francia.

Convocatoria a una reunion en Paris para informar sobre el caso de Madeleine en abril del 1990.
Indica : "Testimonio del medico belga Marc Ingelbrecht quien trabajo junto a Madeleine".


En 1995, la Corte de Apelaciones de Rennes lanzó una orden de detención internacional contra el general Juan Rafael Bustillo, el comandante de la fuerza aérea Antonio Villamariona, el jefe de las tropas especiales Gustavo Adolfo Perdomo y el comandante del batallón de paracaidistas Alcides Rodríguez Hurtado, a quienes se les acusó de “complicidad en asesinato precedido y acompañado de torturas y barbarie”.

Ninguno de los cuatro fue perseguido, pues la ley de amnistía, vigente desde el final de la guerra civil, prohíbe interponer querellas ante la justicia local por crímenes y actos de barbarie cometidos durante el conflicto. Una comisión rogatoria para interrogar a los sospechosos en El Salvador, emitida a fines de 1998, tampoco dio resultados.

Un nuevo magistrado francés, Jean-Pierre Gimonet, retomó luego el expediente, pero los padres de la joven dijeron no tener muchas esperanzas frente a la “lentitud y las dificultades del procedimiento”. El veredicto emitido el jueves por la Corte de Apelaciones de Rennes, que tenía la opción entre un “sobreseimiento” y un complemento de investigación, “demuestra que la justicia quiere llegar hasta el final”, dijo el abogado de la familia de la joven, Yann Choucq.

Cuando el cuerpo de Madeleine Lagadec fue repatriado a Francia, la autopsia reveló que la mujer no había muerto durante el ataque aéreo, tal y como lo había aseverado el Ejército salvadoreño en su momento. Lejos de eso, las investigaciones arrojaron que ya en tierra, las tropas procedieron a violarla, torturarla y asesinarla. 

Material para protestar contra el gobierno Cristiani  y reclamar justicia para Madeleine
 y los compañeros asesinados  en abril de 1989.


De acuerdo a los acusadores franceses, el acto constituía una clara violación al derecho internacional humanitario. Producto de esa batalla legal, la Corte de Rennes, Francia, emitió en 1994 una orden de detención internacional contra los militares Juan Rafael Bustillo y Rafael Antonio Villamariona, jefe y comandante de la Fuerza Aérea, respectivamente; Gustavo Adolfo Perdomo Hernández, jefe de las tropas especiales; y René Alcides Rodríguez Hurtado, comandante del batallón de paracaidistas.

Francia acusó a los cuatro oficiales bajo el cargo de “complicidad en asesinato precedido y acompañado de torturas y barbarie”. El Salvador, sin embargo, se negó a extraditarlos bajo el argumento de la vigencia de la Ley de Amnistía y por el hecho de que son ciudadanos salvadoreños.

Es más, en diciembre de 1999, el ex presidente Francisco Flores ascendió al coronel Perdomo al grado de general.

A principio de 2005, dos de los cuatro oficiales se presentaron en la corte de Rennes como “testigos” y no en el marco de la extradición reclamada desde años. Declararon que “no tenían nada que ver con este crimen y que un tribunal salvadoreño los había declarado inocentes”


En marzo de 2009, 20 años después de haber emprendido esta larga lucha para juzgar a los asesinos de Madeleine, Gustavo, María Cristina, Carlos y Clelia, el tribunal de Rennes cerro definitivamente el caso por “falta de pruebas suficientes contra los 4 oficiales y ausencia de elementos nuevos”.

Propaganda distribuida para informar sobre el caso de Madeleine
junto a la traduccion del comunicado  del FMLN del 18 de abril de 1989 dimitiendo la version del ejercito salvadoreño.

lundi 20 mai 2013

Madeleine Lagadec, Brigadista de salud de Rio San Juan a San Vicente.


Madeleine llego a Nicaragua en julio de 1983 donde participo en las campañas de vacunación en Rio San Juan entre otras actividades. Aquí, reproducimos varios extractos de cartas que han sido publicadas en las revistas de solidaridad francesas. En estas pocas líneas, describe su encentro con un pueblo, con su lucha por la dignidad.

Encuentro con la Revolución (Nicaragua, 1983)

En una carta fechada de agosto de 1983, contaba a su familia el violento encuentro con el pueblo nicaragüense y la realidad de la lucha revolucionaria. (Publicado en “El Salvador”, junio-julio de 1989, Paris, francia – traducción del autor del blog)
Nicaragua? Súper, Por lo menos tan lindo como lo imaginaba, en muchos aspectos. Es mas pobre en el campo que lo que esperaba.
La Revolución? No es de fachada! En este aspecto, me siento tranquilizada. Por supuesto que todo el pueblo no es sandinista pero una gran parte lo es, y de manera muy linda. Tenemos mucho que aprender de ellos por su coraje. Aquí cuando se les escucha gritar “Patria libre o morir”, se te aprietan las tripas, porque van hasta el final. Domingo, estuvimos en el entierro de diez jóvenes de Masaya matados cerca de Bluefields. Te calienta el corazón ver la enorme movilización popular aquel día, pueblos enteros gritando consignas. Pero se te hela el corazón cuando ves los ataúdes cubiertos de flores. Si por lo menos fueran los últimos! Pero no, te estremeces al ver al cuerpo del representante de la UNAG torturado, hecho pedazos en San Carlos (Rio San Juan). Todo esto ocurre, por lo menos una vez por semana aquí. Entonces, inútil decirte que la defensa, aquí, es necesaria y por todas partes se miran consignas, pintas sobre la defensa militar. El pueblo esta de guardia de noche, nosotros también.
La Revolución es también la sinceridad y la sencillez de sus dirigentes. Es Daniel ortega quien nos recibe. Es Ernesto Cardenal quien se sienta con nosotros para comer un gallo pinto en el mercado. Es la mama de Daniel Ortega quien come con nosotros en platos no tan limpios o compartiendo un vaso esperando una fiesta donde la invitamos y que nunca comenzó a la hora. Es también el viejo campesino de una cooperativa a la cual se le entregan tierras (la reforma agraria sigue) que hace un discurso frente a miles de personas y termina abrazando al comandante Wheelock, ministro de la reforma agraria…
La salud, es difícil a pesar del enorme progreso realizado. Hay que ver los hospitales : el mas grande (que visitamos) posee solo una maquina de electrografía y ya no tiene alcohol. Todo hace falta, es fundamental…


Madeleine Lagadec - enfermera francesa.

La salud en Rio San Juan (Nicaragua, 1983).

En una carta publicada por el boletín “Solidarité Nicaragua” en otoño de 1983, Madeleine Lagadec, joven enfermera francesa describía las condiciones sanitarias en Rio San Juan, departamento al Sur-este de Nicaragua donde trabajaba.
La salud en este departamento esta condicionada por varios factores: Clima insalubre, caliente, húmedo, condiciones de vida sin agua potable (a excepción de San Carlos, donde esta contaminada pero menos que en otras partes). El agua corriente solo existe en San Carlos, una vez al día, de las seis hasta las ocho y esto no todos los días. Entonces, hay que imaginarse un hospital funcionando sin agua potable. Cuando llega el agua, se llenan los tanques, muchas veces sarrosos.
En el campo, la situación es mas grave. No solamente porque el agua corriente no esta instalada en los cinco otros municipios pero además no esta potable... muchas veces, el agua utilizada por todos tipos de usos (limpieza, bebida, cocina) proviene del rio, el rio San Juan. Cuando llueve, esta agarra un color rojo, turbio, sin olvidar a la tradición: aquí, se dice que el agua purifica todo, entonces se echa las aguas negras, los excrementos… Esto nos explica que la principal patología encontrada fuera la diarrea. Amebas y parásitos de todos tipos allí pululan. Consecuencia: La mortalidad infantil hasta 1979 era de 180 por mil. Actualmente paso a 140 por mil, a pesar de que las cifras no sean precisas. Las Unidades de Rehidratación Oral (URO), que funcionan en toda Nicaragua, aquí no existen por falta de material…
Familias enteras viven en la promiscuidad bajo bacas negras esperando que fueran construidas casas provisionales. Las lluvias abundantes transforman el campamento en un gran campo de lodo, lo que multiplica las enfermedades… La humedad, las lluvias frecuentes dañan rápidamente estas casitas precarias. La comida es poca variada, mañana, mediodía y noche: frijoles, maíz y de vez en cuando un poco de carne. Las amenazas de guerra y de intervención imperialista deterioran entonces las condiciones sanitarias, ya deficientes, en la región del Rio San Juan.
Dos años mas tarde, de regreso en Bretaña, Madeleine obtuvo su diploma de medicina tropical. A finales de 1985, siguiendo su compromiso humanitario e izquierdista, decide unirse a la lucha del pueblo salvadoreño.


Campamento "El Roble".
 La Montañona - Chalatenango (Foto L. Sanchis - 2007)

Un Hospital del Frente Farabundo Marti (El Salvador, 1989).

Madeleine Lagadec, tenia veintisiete años y trabajaba desde hace tres años, por medio de una organización humanitaria suiza, en un hospital de campaña del Frente Farabundo Marti. Antes, esta joven milito en la Juventud Obrera Católica y el Socorro Popular Francés.
El 15 de abril de 1989, los militares salvadoreños al servicio de la extrema derecha al poder desde el asesinato en 1980 de Mgr Romero, atacan durante un operativo en San Vicente, el hospital de campaña. Tras un bombardeo, un batallón de paracaidistas y una unidad de “operaciones especiales” de las fuerzas aéreas salvadoreñas se apoderan del edificio donde se encontraban Madeleine, Gustavo Ignacio Isla Cazares, médico argentino, María Cristina Hernández, brigadista de salud, Carlos Gómez y Clelia Concepción Díaz Salazar, militantes del FMLN.
Algunos días más tarde, la familia Lagadec se entera por vía oficial de que la joven muchacha habría fallecido en el bombardeo… pero alertada por una llamada telefónica del Frente, debía conocer cruelmente la verdad.
Se había capturado a Madeleine viva, torturada y luego asesinada como los otros miembros del cuerpo médico. Dos auxiliares de enfermería ocultados a algunos metros de allí, escucharon todo: los militares llamando a sus oficiales después de haberse dado cuenta de que su víctima era una extranjera, los gritos de terror de la joven muchacha, un tiroteo al término las ocho horas de torturas.
En Francia, la emoción fue viva. La hermana de Madeleine viajó a El Salvador y gracias a la embajada de Francia consiguió obtener la repatriación del cuerpo que fue llevado al hospital de Brest, en Bretaña al Oeste de Francia. La verdad estalló en todo su horror: antes de matarla de varios disparos, se había violado a Madeleine, mutilada, se le había cortado una mano. La familia Lagadec presentó denuncia para la justicia francesa para torturas, asesinato y actos de crueldad, pero el juez de instrucción de Brest concluyó al cabo de cinco años a un no lugar. Al mismo tiempo, en El Salvador, el Gobierno de derecha decreto una amnistía de todos los delitos cometidos antes del final de los combates, garantizando así la impunidad de los criminales.

Entrada del tatu "el hospitalito" en El Roble.
La Montañona - Chalatenango (Foto L. Sanchis - 2007)



                 "Lorsqu'il s'agit de la liberté, de la fin de l'exploitation, de la misère de tout un peuple, il faut savoir reculer ses limites."

                 “Cuando se trata de libertad, del fin de la explotación, de la miseria de todo un pueblo, hay que saber ir más allá de sus límites

Madeleine Lagadec