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samedi 9 mai 2015

Justicia para Roque !

Hace 40 años que Roque Dalton iba a tener 40 años...
Lo asesinaron por indocil.

Sus hijos, Juan José y Jorge exigen justicia. 

A pocos pasos de la catedral de San Salvador,
Guayo vendia libros de Roque Dalton en su "tienda".
(Foto L. Sanchis, San Salvador, 1995)

Sobre nuestra moral poetica

No confundir, somos poetas que escribimos
desde la clandestinidad en que vivimos.
No somos, pues, cómodos e impunes anonimistas:
de cara estamos contra el enemigo
y cabalgamos muy cerca de él, en la misma pista.
Y al sistema y a los hombres
que atacamos desde nuestra poesía
con nuestra vida les damos la oportunidad de que se cobren,
día tras día.

mercredi 6 mai 2015

El Frente Sur. Testimonio de Alejandro Murguia (San Francisco - 1979) (2/2)

Alejandro Murguia es autor de novelas y poeta. En The medicine of memory, relata los sucesos en el barrio latino Mission de San Francisco durante el movimiento de Solidaridad con Nicaragua en los años 1970. Fue fundador del Mission Cultural Center y de Roque Dalton Cultural Brigade entre mil y unas cosas. Activista de la causa sandinista en los años 1970, llego hasta compartir los mas bello y lo mas crudo con el pueblo nicaragüense cuando se trato de derrocar al regimen genocida de Somoza.

En su libro Southern Front, escrito entre 1979 y 1986, entre Peñas Blancas y San Francisco, nos habla de lo cotidiano de un pueblo que se lanzo hasta el cielo, un pueblo que lucho por la ternura, sin tregua. 

sand45

Mi primer contacto con los líderes del Frente Sur ocurrió en octubre de 1978 cuando volvía de una conferencia internacional de solidaridad con el pueblo de Nicaragua sostenida en ciudad de Panamá. Fue a través del contacto de Casimiro Sotelo, entonces miembro de “los doce”, que inicie una serie de proyectos con “Mauricio”, quien centralizaba toda la ayuda internacional llegando en San José de Costa Rica. Fue durante esta estadía mientras en la casa de Ernesto Castillo muy darte en la noche, dos ojerosos y cansados  comandantes aparecieron para dar una conferencia de prensa para periodistas extranjeros. Esta noche grave una de las primeras entrevistas dadas a la prensa internacional por Daniel Ortega Saavedra y Víctor Tirado López, que acababan justo de volver del frente sur después de la insurrección de Septiembre.

Durante el periodo entre octubre de 1978 y junio de 1979, dedique todo mi tiempo para organizar comités de solidaridad en los Estados Unidos en apoyo al pueblo nicaragüense, también editando la revista, Gaceta sandinista. En junio de 1979, junto con “Armando” y “Danilo”, me fui a Costa-Rica para juntarme a la ofensiva final.

Cuando apenas integramos el Frente Sur, nuestra tarea consisto en descargar de aviones de suministro que volaban en pequeñas pistas de aterrizaje de Costa-Rica y cuidar reservas de municiones en casas de seguridad. Después, en Nicaragua, ayude en entrenar un pelotón de tiradores, la mayoría de ellos,  pocos días antes habían sido típicos, centroamericanos medios, que daban un paseo a lo largo de una plaza o la planificaban como encontrarse con amigos por la tarde. Los hombres y mujeres del frente Sur no eran soldados de oficio pero era una profesión que tenían que estudiar de la noche a la mañana. A principios de julio de 1979, los Somocistas  lanzaron su anhelada contraofensiva apuntada al desalojamiento del FSLN y sus combatientes de la zona fronteriza. Debido al importante saldo de víctima, allí no había bastantes combatientes experimentados en el frente, entonces fui colocado responsable de una escuadra de nicaragüenses casi adolescentes y no muchos más viejos internacionalistas del Estado Mayor del frente Sur en Peñas Blancas. No me jacto cuando digo que cada miembro de mi escuadra salió vivo. Esto es simplemente una constatación. Demasiada gente buena murió en El Ostional, El Naranjo, Peñas Blancas y Sapoa para que los sobrevivientes se jacten de su suerte.

Las historias de este libro se desarrollan durante el periodo de la Ofensiva Final; Se sitúan en la zona liberada que se extiende desde Peñas Blancas hasta Sapoa incluyendo Boca de Sapoa y el pueblo cercano de Cárdenas, la cual fue tomada, perdida, tomada de nuevo – una area de unos 6 Km de largo sobre 3 Km de ancho. La mayoría de las novelas fueron escritas en los días que siguieron el 19 de julio aunque debido al tiempo, distancias y circunstancias, solo “33”, “heavy weather” y “squad leader” sobrevivieron en su forma.
Tantas cosas ocurrieron en el Frente Surque obviamente no todo puede ser mencionado en esta pequeña recopilación. Dejo que los otros participantes cuenten sus historias. Finalmente, es importante recalcar que estas historias son basadas en hechos reales, las acciones y los personajes son ficcionales.


Estas, en definitiva, son historias de un chicano internacionalista quien lucho codo a codo junto a los nicaragüenses en el Frente Sur Benjamín Zeledón.

jeudi 23 avril 2015

El Frente Sur. Testimonio de Alejandro Murguia (San Francisco - 1979) (1/2)

Alejandro Murguia es autor de novelas y poeta. En The medicine of memory, relata los sucesos en el barrio latino Mission de San Francisco durante el movimiento de Solidaridad con Nicaragua en los años 1970. Fue fundador del Mission Cultural Center y de Roque Dalton Cultural Brigade entre mil y unas cosas. Activista de la causa sandinista en los años 1970, llego hasta compartir los mas bello y lo mas crudo con el pueblo nicaragüense cuando se trato de derrocar al regimen genocida de Somoza.

En su libro Southern Front, escrito entre 1979 y 1986, entre Peñas Blancas y San Francisco, nos habla de lo cotidiano de un pueblo que se lanzo hasta el cielo, un pueblo que lucho por la ternura, sin tregua. 

Portada de Southern Front de Alejandro Murguia.

El Frente Sur se refiere a la zona que bordea la frontera entre Nicaragua y Costa Rica durante la guerra contra el régimen de la familia Somoza y su último patriarca, Anastasio Somoza Debayle, que culminó el 19 de julio de 1979 con la insurrección victoriosa del Frente Sandinista de Liberación nacional (FSLN). La zona de combate se extendía desde la desembocadura de Río San Juan, que llega al Caribe en San Juan del Norte, hasta San Juan del Sur en el Océano Pacífico. Abarcaba los puertos de San Carlos y San Miguelito en el Lago de Nicaragua así como el archipiélago de Solentiname. Incluya los pueblos, caseríos, guarniciones y puestos fronterizos de Los Chiles, El Castillo, Los Sábalos, Orosí, Cárdenas, El Naranjo, El Ostional, Peñas Blancas, Sapoá, Boca de Sapoá, La Calera y Sotacaballos; Las colinas conocida como La Cimarrona,  Colina 155 y Colina 50; y ciudades de La Virgen y Rivas, capital del departamento de Rivas. 

Era un frente de guerrilla en constante cambio y movimiento, y también se distinguía por el único frente donde se libró una tradicional guerra de posiciones. En sus primeros años de formación, el Frente Sur estaba organizado más al Norte en Masaya, donde su primer comandante, Camilo Ortega Saavedra, al igual que sus compañeros Moisés Rivera y Arnoldo Quant Ponce, fueron asesinados por la Guardia Nacional en Monimbó, el 26 de febrero de  1978. El último comandante del Frente Sur fue Edén Pastora, conocido como Comandante Cero, que luego traicionó la Revolución nicaragüense.


Guerrilleros sandinistas controlan Sapoa.
Si hubo una característica singular del Frente Sur que lo hizo único, fue la amplia participación de los voluntarios internacionalistas. En uno u otro momento, con varios grados de éxito, hubo brigadas panameñas, costarricenses y venezolanas en el frente. A un nivel más individual, hubieron panameños, costarricenses, colombianos, chilenos, venezolanos, salvadoreños, hondureños, cubanos, españoles, alemanes del oeste, suizos, suecos, italianos, portugueses, y voluntarios mexicanos, entre las nacionalidades conocidas por el autor. Desde los Estados Unidos de Norteamérica, nicaragüenses estadounidenses, cubanos estadounidenses, puertorriqueños, y un poco más de media docena  de Chicanos participaron en el Frente Sur. También hubo un contingente de doctores mexicanos así como un grupo internacionalista de fotorreporteros y cineastas que dejaron grabaciones visuales de la guerra del Frente Sur. Un número importante de los internacionalistas eran mujeres.

El primer combate importante del Frente Sur se dio en las primeras horas de la mañana del 17 de octubre de 1977, cuando el FSLN atacó y destruyó los edificios de la Guardia Nacional en San Carlos. El dictador replicó quemando y destruyendo la comuna contemplativa que había sido fundada en el archipiélago de Solentiname por el padre poeta Ernesto Cardenal.

En febrero de 1978, el frente sur atacó y dominó brevemente la ciudad de Rivas. A medida que la guerra se intensificaba contra la dictadura, fue necesario para los insurgentes controlar una parte del territorio nicaragüense con el fin de declarar un gobierno provisional. Los esfuerzos para establecer una zona liberada se focalizó  en la ciudad fronteriza de Peñas Blancas.


Carlos Duarte “Jerónimo” pone bandera
en la toma Peñas Blancas.

Peñas Blancas era el puesto fronterizo más importante de la frontera sur de Nicaragua; era el puesto de entrada y salida más importante, situado exactamente en la Carretera Panamericana. Los que controlaban Peñas Blancas controlaban el acceso a Nicaragua desde el sur. La cima de la insurrección de 1978, el 17 de septiembre, el Frente Sur logró controlar Peñas Blancas después de una larga batalla de nueve horas contra la Guardia Nacional pero fue obligado a retirarse cuando refuerzos GN pudieron cruzar el río Pita.

El 23 de mayo de 1979 las columnas del Frente Sur empezaron la ofensiva final tomando el comando de la Guardia Nacional en El Naranjo. Después de semanas de combate en el monte el Frente se concentró y tomó Peñas Blancas el 12 junio. Al día siguiente tomó Sapoá antes de pararse al borde del rio Ostallo; en el interior, otra columna sitió Rivas durante el resto de la guerra. El número total de combatientes en el Frente Sur nunca superó los 800, y ellos mantuvieron a raya unos 2000 Guardias Nacionales, incluyendo quinientos soldados élites de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) comandada por el siniestro comandante Bravo.

mardi 14 avril 2015

Eduardo Galeano, memorias del fuego... Seguiran ardiendo!

Uruguayischer Schriftsteller und Intellektueller Eduardo Galeano


1979
En toda Nicaragua


Naciendo
Tiene unas horas de edad la Nicaragua recién nacida en los escombros, verdor nuevito entre las ruinas del saqueo y de la guerra; y la cantora luz del primer día de la Creación alegra el aire que huele a quemado.

1980
En toda Nicaragua


Andando
La revolución sandinista no fusila a nadie; pero del ejército de Somoza no queda ni la banda de música. A manos de todos pasan los fusiles, mientras se desencadena la reforma agraria en los campos desolados.
Un inmenso ejército de voluntarios, armados de lápices y de vacunas, invade su propio país. Revolución, revelación, de quienes creen y crean: no infalibles dioses de majestuoso andar sino personitas nomás, durante siglos obligadas a la obediencia y entrenadas para la impotencia. Ahora, a los tropezones, se echan a caminar. Van en busca del pan y la palabra: esta tierra, que abrió la boca, está ansiosa de comer y de decir.

1980
En toda Nicaragua


Descubriendo

Cabalgando, remando, caminando, los brigadistas de la alfabetización penetran las más escondidas comarcas de Nicaragua. A la luz del candil, enseñan a manejar el lápiz a quien no sabe, para que nunca más lo engañen los que se pasan de vivos.
Mientras enseñan, los brigadistas comparten la poca comida, se agachan en el acarreo y la deshierba, se pelan las manos hachando leña y pasan la noche tendidos en el suelo, aplaudiendo mosquitos. Descubren miel silvestre dentro de los árboles y dentro de las gentes leyendas y coplas y perdidas sabidurías; poquito a poco van conociendo los secretos lenguajes de las hierbas que alegran sabores y curan dolencias y mordeduras de serpientes. Enseñando, los brigadistas aprenden toda la maldición y la maravilla de este país, su país, habitado por sobrevivientes: en Nicaragua, quien no se muere de hambre o peste o tiro, se muere de risa.


Libro de fotografia de los 10 años de Revolucion con texto de Eduardo Galeano :

Nicaragua: A Decade of Revolution : Lou Dematteis y Chris Vail.

samedi 10 janvier 2015

Charlie-Hebdo: asesinaron a amigos de Cuba en París

CHARB con la bandera cubana en la Fête de l'Humanité.

Bajado de la pagina Web : "Cayo Hueso" Desde Francia mi amor por Cuba.
Virgilio Ponce – Fotos: Facebook de Didier Lalande – Cubainformación.- 




Wolinski, Charb, Cabu, Tignous, Honoré así como otras personas murieron en un ataque terrorista en la sede de Charlie Hebdo.

Eran amigos de Cuba los trabajadores de Charlie-Hebdo y en múltiples ocasiones dibujaron para las asociaciones, “Cuba Linda” y “Cuba Si – Francia”, los vimos en la fiesta de l’Humanité en los kioscos de Granma, Cuba Linda, Cuba Sí… 

Wolinski, era Presidente de Honor de Cuba Sí y formaba parte de los viajeros de solidaridad que visitan el archipiélago cubano con Cuba Linda. Les escuchamos hablar sobre Cuba y su proceso en múltiples ocasiones con respeto y admiración.
En estos tristes momentos nos unimos a su familiares y amigos, nos solidarizamos con ellos, reciban nuestras sinceras condolencias.

Condenamos esta acción terrorista y decimos “YO SOY CHARLIE”.

WOLINSKI en la Fête de l'Humanité, 2012.
CHARB y TIGNOUS en la Fête de l'Humanité

mercredi 31 décembre 2014

Sandino por Neruda (Canto general)


Pasa un año, 
                        pasan los años y seguimos tan tercos. 
Por un año 2015 de esperanza a todas y todos, de por aqui y mas alla...
fraterno saludo .                                                                          
                                                                                                                     Loren.


SANDINO 
(1926)
Fue cuando en tierra nuestra
se enterraron
las cruces, se gastaron
inválidas, profesionales.
Llegó el dólar de dientes agresivos
a morder territorio,
en la garganta pastoril de América.
Agarró Panamá con fauces duras,
hundió en la tierra fresca sus colmillos,
chapoteó en barro, whisky, sangre,
y juró un Presidente con levita:
«Sea con nosotros el soborno
de cada día.»
                        Luego, llegó el acero,
y el canal dividió las residencias,
aquí los amos, allí la servidumbre.

Corrieron hacia Nicaragua.
Calle de Altagracia (Ometepe 2014)

Bajaron, vestidos de blanco,
tirando dólares y tiros.
Pero allí surgió un capitán
que dijo: «No, aquí no pones
tus concesiones, tu botella.»
Le prometieron un retrato
de Presidente, con guantes,
banda terciada y zapatitos
de charol recién adquiridos.
Sandino se quitó las botas,
se hundió en los trémulos pantanos,
se terció la banda mojada
de la libertad en la selva,
y, tiro a tiro, respondió
a los «civilizadores.»

La furia norteamericana
fue indecible: documentados
embajadores convencieron
al mundo que su amor era
Nicaragua, que alguna vez
el orden debía llegar
a sus entrañas soñolientas.
Casa en Palacagüina (Las Segovias 2011)

Sandino colgó a los intrusos.
Los héroes de Wall Street
fueron comidos por la ciénaga,
un relámpago los mataba,
más de un machete los seguía,
una soga los despertaba
como una serpiente en la noche,
y colgando de un árbol eran
acarreados lentamente
por coleópteros azules
enredaderas devorantes.

Sandino estaba en el silencio,
en la Plaza del Pueblo, en todas
partes estaba Sandino,
matando norteamericanos,
ajusticiando invasores.
Y cuando vino la aviación,
la ofensiva de los ejércitos
acorazados, la incisión
de aplastadores poderíos,
Sandino, con sus guerrilleros,
como un espectro de la selva,
era un árbol que se enroscaba
o una tortuga que dormía
o un río que se deslizaba.
Pero árbol, tortuga, corriente
fueron la muerte vengadora,
fueron sistemas de la selva,
mortales síntomas de araña.
Loma de Tiscapa  (Managua 2014)

(En 1948
un guerrillero
de Grecia, columna de Esparta,
fue la urna de luz atacada
por los mercenarios del dólar.

Desde los montes echó fuego
sobre los pulpos de Chicago,
y como Sandino, el valiente
de Nicaragua, fue llamado
«bandolero de las montañas.»)

Pero cuando fuego, sangre
y dólar no destruyeron
la torre altiva de Sandino,
los guerreros de Wall Street
hicieron la paz, invitaron
a celebrarla al guerrillero,

y un traidor recién alquilado

le disparó su carabina.

Se llama Somoza. Hasta hoy
está reinando en Nicaragua:
los treinta dólares crecieron
y aumentaron en su barriga.

Ésta es la historia de Sandino,
capitán de Nicaragua,
encarnación desgarradora
de nuestra arena traicionada,
dividida y acometida,
martirizada y saqueada
Sandino en el Palacio de la Culura (Managua 2014)

dimanche 16 novembre 2014

Testimonio de Alvaro Carrera "Joaquin". Un Venezolano en el Frente Sur. (2)

Treinta y cuatro años después

(Epílogo, apostilla o “posfacio”)

          Inicio estas difíciles líneas enfrentado de entrada a un problema de semántica. No quise escribir un prólogo o introducción para esta nueva edición de mi viejo “Nicaragua: Frente Sur”, a tantos años de las llevadas a imprenta en los años ochenta. Lo que escribí en Nicaragua debe quedar así, pero siento que es de justicia añadir algunos comentarios sobre personas y circunstancias que si bien no pertenecen al período de la guerra propiamente, fueron relevantes en las experiencias que tuve en suerte vivir en los días posteriores a dicho triunfo, los cuales valga enfatizar fueron tan rigurosos como los previos a ese 19 de julio de 1979 que se convirtió en fecha aniversaria del triunfo de la Revolución Sandinista.

          Los alemanes tienen una palabra, nachwort, que los diccionarios traducen al castellano como “epílogo”, sin que en mi humilde opinión se aplique realmente al caso. Lo que ocurre, pienso, es que realmente no existe una palabra que traduzca el nachwort alemán, como si la hay paravorwort, que se traduce correctamente como prólogo, prefacio, etc. Elnachwort alemán debería ser traducido por una palabra que –aún- no existe en castellano: “posfacio”. Que seria un texto añadido al final de un libro, sin que implique necesariamente la continuidad de este como en efecto lo establece el término “epílogo”.

          Mi “posfacio” no constituye pues una continuación del libro, sino que se refiere a este, con la distancia añadida de ser escrito habiendo transcurrido nada menos que treinta y cuatro años. Tiempo normalmente más que suficiente para  olvidar situaciones y detalles, pero los tiempos anormales de la guerra no se olvidan y permanecen indelebles en el corazón y la mente de quienes los vivieron. O al menos así ocurre en mi caso.

          Luego de tantas explicaciones y vueltas lo que quiero es escribir algunos recuerdos sobre compatriotas que si bien llegaron a Nicaragua después del triunfo, no fueron ajenos a la experiencia de la guerra, que en el teatro de operaciones del Frente Sur se prolongo durante varios meses en la forma tanto de lucha contra las bandas remanentes de guardias nacionales y efectivos de la EEBI que nos hostigaban con saña, como en la confusa y ardua labor de reconstruir e intentar organizar la vida militar y civil en una región que había sido asolada por la guerra durante tanto tiempo.

          A los días del triunfo llegaron a Peñas Blancas, sede del nuevo mando o autoridad sandinista en la zona fronteriza entre Nicaragua y Costa Rica, un pequeño grupo de venezolanos internacionalistas, que por una razón u otra no alcanzaron a llegar antes del 19 de julio, aún habiéndolo así querido.



          La labor desempeñada por estos combatientes, que bien se ganaron ese titulo, fue de sumo valor en las cosas positivas logradas. Ellos llegaron en un momento sumamente complejo para quienes quedamos a cargo de custodiar la frontera. Ocurre que la totalidad de los mandos y veteranos de la guerrilla por razones y necesidad obvias se habían ido a Managua y las ciudades grandes del país. Ahora debían hacerse cargo de los ministerios, organismos de gobierno, misiones internacionales, etc. Quedamos entonces en Peñas Blancas los que básicamente éramos tropa de base y un par de combatientes internacionalistas con alguna formación de cuadro político. No era mucho, o era muy poco, para la magnitud de la misión planteada.

          La llegada de veteranos de otros conflictos vino a reforzar nuestra labor en forma determinante. Ellos se integraron rápidamente y a los pocos días eran parte indiscutida del contingente sandinista acantonado en Peñas Blancas. Sobre los venezolanos de este grupo es que quiero escribir unas pocas líneas, cometiendo a conciencia la injusticia de dejar por fuera a costarricenses, colombianos, mexicanos, españoles y otros que padecieron similares rigores y efectuaron iguales o mayores aportes que los venezolanos. Pero ni soy el indicado para ello, ni es el propósito de estas páginas intentar ofrecer un diccionario de los internacionalistas que pasaron por la guerra nicaragüense.

          El primero en llegar fue el compatriota Alí Gómez García, conocido en la guerrilla venezolana como “Alicate” o “Vargas”, quien adoptó en Nicaragua el nombre de guerra de “Nicanor”. El llego a Peñas Blancas en los primeros días de agosto del 79. Yo lo había visto cosa de un par de meses antes en San José de Costa Rica, a donde me habían mandado para exámenes médicos por las secuelas de una explosión de mortero que me dejo atolondrado durante varios días. En una calle de San José me encontré de frente don Doris Francia, a quien me unían vínculos de amistad, luego de trabajos conjuntos realizados con el movimiento político Ruptura, instrumento de trabajo legal de los remanentes de las viejas FALN venezolanas. Doris estaba acompañada nada menos que del legendario Douglas Bravo, quien andaba aún clandestino y perseguido por la policía política venezolana. Y con ellos estaba “Alicate”, quien era algo así como la mano derecha o el hombre de confianza de Douglas.

          Ese día, o mejor dicho, esa noche, nos citamos en una tasca de San José a donde acudí con Libertad Araujo, quien era mi compañera en ese tiempo y había volado a San José para ayudarme en mi convalecencia. Pasamos largas horas y un par de botellas de ron conversando sobre todos los temas posibles. Creí entender que Doris, Douglas y “Alicate” andaban en tareas de insurgencia revolucionaria en Honduras. Y que estaban en San José solo de tránsito. La compartimentación obligaba a ser discretos.

          A la mañana siguiente, probablemente revitalizado por los tragos con tan relevantes camaradas, me regrese en autobús a la frontera, donde me reincorpore a mis tareas de elemento de tropa. Poco tiempo después se dio el triunfo y a los días llego “Alicate”, planteando que quería ir a Managua e incorporarse al nuevo Ejército Popular Sandinista. En medio de la conversación que tuvimos me menciono que entre otras cosas era explosivista. Ello me motivo a plantearle, o rogarle quizás sería el término más apropiado, que se quedara con nosotros en Peñas Blancas, para hacerse cargo de la recuperación y desmantelamiento de la gran cantidad de artefactos explosivos que quedaron diseminados por la zona. El se mostró conforme, adoptó el nombre de Nicanor y desde ese día pudimos ufanarnos de contar con el mejor explosivista que había en Nicaragua.

          Nicanor era un hombre con una sólida formación guerrillera. Trabajador incansable, de iniciativa descollante. Lleno de sentimientos humanos y buen humor. Era toda una referencia como revolucionario y hombre de acción, siempre al tanto de las noticias, con visión estratégica, espíritu crítico, ánimo didáctico. Fundó y se convirtió de inmediato en el jefe de la unidad de explosivos de la Guarnición de Peñas Blancas.

          La presencia de Nicanor motivó que a las pocas semanas llegaran por allí a visitarlo otros dos comandantes guerrilleros venezolanos, Elegido Sivada “Magoya” y Antonio Zamora “El Camarita”, quienes andaban en los mismos trajines de insurgencia revolucionaria de Douglas Bravo y Doris Francia. Ellos pasaron de tránsito hacia Managua. Les regale un par de pistolas con sus respectivos “portes de arma”, expedidos por el Comando sandinista de Peñas Blancas, para que no anduvieran desarmados por un país aún en armas. Del encuentro permanece el testimonio fotográfico que se adjunta a esta edición del libro.

          Nicanor murió en acto de servicio en el Ejército Popular Sandinista el 8 de mayo de 1985. Yo estaba recién saliendo de un segundo carcelazo en el Cuartel San Carlos y la noticia me impacto. Luego llegaron referencias de las altas responsabilidades que él había llegado a adquirir en las filas sandinistas. Y del aprecio que allí se le tenía. Escribí entonces en Tribuna Popular, el periódico del Partido Comunista, unas líneas dirigidas a “La Flaca” y “El Mugre”, su compañera y su hijo, quienes pasaron largas semanas en esos meses iniciales de revolución en Peñas Blancas. Pero nunca más supe de ellos. De la memoria viva de Nicanor permanece su formidable libro “Falsas, maliciosas y escandalosas reflexiones de un ñángara”, que lo hizo merecedor del premio Casa de las Américas 1985, reeditado en 2005 y 2012 por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, bajo cielo bolivariano.

          Literalmente al mismo tiempo que Nicanor llegaron otros dos venezolanos a Peñas Blancas, Marcial Rodríguez y Antonio Herguetta.

          Marcial Rodríguez, es un hombre multifacético. Siendo sargento técnico de la Fuerza Aérea Venezolana participó en el alzamiento de Puerto Cabello y fue a dar como preso político a la llamada Isla del Burro, en los comienzos del proceso insurreccional en Venezuela. De allí salió para incorporarse a la guerrilla, dónde fue comandante de la Brigada Móvil “Fabricio Ojeda” de las FALN, en la cual por cierto fue jefe de Nicanor, poco más que un muchacho en ese tiempo. Pasó posteriormente por el Cuartel San Carlos y de allí, sorpresivamente, se dedico a escribir y aportó una media docena de libros de relatos revolucionarios.

          En Peñas Blancas Marcial hizo gala de su experiencia guerrillera y formación militar profesional. Como combatiente demostró ser un hombre de acción de formidables cualidades. Organizado, meticuloso, letal. No recuerdo ninguna operación contra-bandidos, como  llamábamos a la lucha contra los merodeadores y elementos dispersos del somocismo, en que Marcial no estuviese presente. Como militar profesional asumió la difícil labor de impartir formación de orden cerrado a los guerrilleros que se mostraran voluntarios para tan irritantes ejercicios. De esta tarea surgió lo que sinceramente creo fue el primer grupo de guerrilleros, al menos en la zona sur de Nicaragua, que eran capaces de formar y marchar con marcialidad. Algunos de ellos incluso con “paso de ganso”, para sorpresa y deleite de quienes acudían a las formaciones o concentraciones de personal de tropa que hacíamos de tanto en tanto.

          Marcial regreso a Venezuela casi al mismo tiempo que yo. Estuvimos presos juntos un par de veces, en la DISIP y en la DIM, cuando quedaba aún en los altos del Cuartel San Carlos. Y también en el demolido Reten de Catia, antro carcelario de triste renombre. Luego las circunstancias de la vida nos alejaron pero la amistad y camaradería perduran. De cuando en cuando aún hablamos.

          Luego llegó Antonio Herguetta, un veterano cuadro político formado en la Juventud Comunista, dirigente local en Caricuao, Caracas. Fui a recibirlo al aeropuerto de San José de Costa Rica, a donde llegó cargado con dos maletas contentivas de las obras completas de Lenin, enviadas por el PCV, las cuales fueron recibidas con sorna en una Guarnición donde casi se pasaba hambre y el papel higiénico brillaba por su ausencia, con lo cual el destino de dichos libros estaba sellado.

          Antonio adoptó el nombre de guerra de “Ismael”. Como siempre fue un gran jodedor afirmaba que su nombre era un homenaje a Ismael Rivera “Maelo”, hoy en día casi desconocido pero que para la época era nada menos que “El Sonero Mayor”. Ismael aporto la increíble capacidad de resolver cosas que solo es inherente a un verdadero “toero” u “hombre orquesta” que no conoce el significado de la flojera. Las anécdotas de su paso por Nicaragua darían material para un libro. Se hizo respetado y querido por todos los combatientes, entre los cuales efectuó lo que seguramente fue el más importante trabajo de masas en su carrera de profesional revolucionario.

          Al regresar a Venezuela, no podía ser de otra forma, estuvimos presos juntos en la DISIP (dos veces) y en la DIM (una sola vez, afortunadamente). En los tigritos de Las Brisas Antonio con su inagotable capacidad de buen humor hacia más llevadero el encierro, aportando al mismo tiempo iniciativas como mini-fogatas hechas con trozos de envases de jugo, para recalentar durante el día el café que sólo servían por la mañana. 

           Luego las circunstancias de la lucha nos llevaron por distintos caminos. Y nunca volví a saber de él. Perduran sin embargo el afecto fraternal y la nostalgia por tan extraordinario amigo y camarada.

          Otra persona a la que quiero referirme con especial afecto es a una camarada venezolana que llegó a Peñas Blancas en esos días, de la cual vergonzosamente he olvidado su nombre de guerra. Y nunca conocí el verdadero. Ella, guerrillera nata, propuso la creación de una escuelita para los niños campesinos de los alrededores. Al obtener el visto bueno solicitó materiales para la escuela, los cuales no obtuvo por tratarse de una necesidad secundaria ante la suma de otras urgencias. Entonces optó por instalar su “aula” frente al Comando de la Guarnición de Peñas Blancas, donde comenzó a dar clases sin cuadernos, lápices ni nada parecido. Al reclamarle la escogencia del sitio menos adecuado para sus alumnos, alegó que ese sitio era el más concurrido por la gente en tránsito y tenía la esperanza de que al ver a los niños recibir clases sin ningún recurso didáctico, la gente se motivaría y comenzaría a aportar materiales. Lo que en efecto ocurrió.

          Esa escuelita fue algo extraordinario. Venían niños difíciles, traumatizados por la guerra, que no sabían leer ni escribir. Y la compañera se afanaba tanto en alfabetizarlos como en volverlos a la normalidad infantil. También le daba clases a adultos, en unas jornadas inacabables en las cuales nunca se la vio desfallecer. A donde quiera que esté, vaya mi recuerdo y saludo afectuoso. Ella le dio calor humano a Peñas Blancas y logró que endurecidos guerreros volvieran a percibir ese sentimiento que llamamos ternura.

          Finalmente, quiero mencionar lo que para mi fue uno de los momentos más emotivos en todo ese tiempo. Habían transcurrido quizás unos diez días o un par de semanas desde el triunfo y me estaba desempeñando como responsable o comandante de la Guarnición de Peñas Blancas. El trabajo era intenso, en gran medida por la cantidad de refugiados, curiosos y viajeros en general que venían a Nicaragua desde Costa Rica, y allí, en la línea fronteriza, había que anotar los datos de sus documentos personales y tomar las precauciones de rigor para evitar la entrada de agentes provocadores o espías, que entre paréntesis nunca identificamos ninguno. Ese trajín comenzaba a las seis de la mañana y terminaba a las seis de la tarde, cuando exhaustos cerrábamos la frontera. El cansancio nos impuso cerrar igualmente la frontera los días domingo, para permitirle algún descanso al escaso personal con que contábamos.

          Pues un domingo tempranito llegó un combatiente a despertarme, diciendo que del lado costarricense, en la línea fronteriza, estaba un venezolano preguntando por su hijo, que era compañero nuestro. Medio dormido le pregunte como se llamaba ese venezolano, pero no lo había anotado. “¿Y el hijo, cómo se llama?”,  “Pues Alberto, o Álvaro, o algo así”. Me pare como un rayo y me fui corriendo a la línea fronteriza, donde en efecto estaba mi papá con una sonrisa que no le cabía en la cara. Mi viejo venia con unos camaradas del Partido Comunista de Costa Rica, que no se llama o llamaba así pero que eso era. Y de entonces tengo la primera anécdota de los dos días que literalmente obligue a mi papá a quedarse en Peñas Blancas. Le dije que pasaran a Nicaragua, pero me respondió que no se podía, que la frontera estaba cerrada los domingos. “No joda, papá, si esa orden la di yo”.

          Mi viejo estuvo dos días allí. Teníamos tiempo sin vernos y aparte de que no conocía mi nombre de guerra, “Joaquín”, la única noticia que había recibido de mi era que había resultado herido en combate, lo cual sólo era una verdad a medias, porque una conmoción cerebral no es exactamente una herida, ni de guerra ni de nada.

          El Partido Comunista de Venezuela en esa época no simpatizaba mucho con los sandinistas. Apreciaban la caída de la dictadura somocista, pero veían al Frente Sandinista como una creación de la socialdemocracia internacional. Lo cual también era una verdad a medias puesto que el FSLN acunaba a todo el amplio espectro de opositores a Somoza, desde eso que llaman ultra-izquierda hasta las más rancias organizaciones social demócratas, Acción Democrática de Venezuela incluida destacadamente en ese conglomerado. Entonces mi viejo venia a algo así, sospecho, como calibrar y tomar contacto a nombre del PCV con la dirección sandinista. Nunca me lo dijo.

          Lo que si me dijo era que tenía prisa en llegar con los camaradas ticos hasta Managua. Le ofrecí un medio de transporte y una escolta, pero para dos días después. El discutió un poco, sin mucha insistencia, y acepto quedarse esos dos días en Peñas Blancas, compartiendo con un hijo con el cual no había pasado más de dos horas desde que era un niño.

          Las otras anécdotas del encuentro quedan para la familia. Este es un libro de guerra, no las remembranzas de un viejo nostálgico. 



Álvaro Carrera

Puerto Ayacucho, 19 de Julio de 2013




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