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jeudi 23 octobre 2014

La UPE Santa Josefina (3)

Amenazas de desalojo y detenciones.
10 familias quedaron en Santa Josefina para enfrentar la amenaza de desalojo. Los jueces ordenaban y la policía ya había avisado que cumplirían. Además, varias quejas fueron presentadas por los dueños por “amenaza de muerte” o “violencia” de los colonos para terminar de pintar en negro el cuadro. Los habitantes tuvieron que ocupar el centro infantil, resistir al desalojo desde sus propias casas, quedar alerta en las noches con el apoyo de habitantes de otras comunidades, para no ser expulsados por “usurpadores”.
El Centro Infantil Rural de Santa Josefina
 (Foto L. Sanchis 1989-2014)
En mayo de 1992, un informe de la Organización Internacional del trabajo (OIT) de las Naciones Unidas hace referencia a la multiplicación de conflictos en el campo en Nicaragua. Varios sindicalistas de la ATC fueron encarcelados o asesinados.
- hacienda Santa Josefina: el 29 de junio de 1992 fueron detenidos 4 sindicalistas de la ATC, siendo posteriormente liberados por orden judicial;  En su comunicación de 13 de julio de 1993, el Gobierno indica que: - los trabajadores de la hacienda (Santa) Josefina fueron detenidos por orden judicial en base a una denuncia por amenazas presentada ante un juzgado en lo criminal por la propietaria de la hacienda; al no existir pruebas suficientes fueron puestos en libertad;
Hasta hoy, Doña Marina Lanzas de Amador expresa claramente su visión en una carta que publico La Prensa en abril de 2014:

“Más de cien usurpadores invasores que nos continúan deteriorando nuestra propiedad, están despalando nuestra montaña, nos saquean nuestra producción de café, nos amenazan de muerte y atacan a nuestros cortadores, para impedir que levantemos la cosecha y ellos seguírselas robando.”
Miembros de la Brigada ENABUS en su casa.
(Foto L. Sanchis 1989-2014)

Proyectos comunitarios.
Con tal perfil, nunca me hubiera atrevido a volver a esta montaña. Pero vi todo lo contrario. La comunidad de Santa Josefina, hoy desarrolla sus proyectos comunales con el apoyo de la alcaldía municipal de Matagalpa. El trabajo comunitario permite la construcción de presas para el servicio de agua corriente. El centro infantil construido hace 25 años por la solidaridad se convirtió en escuela rural. Cuenta con dos clases de primaria y un pre-escolar, tiene un techo nuevo y todas las puertas y ventanas fueron cambiadas.
Lo que parece evidente es que ninguno de los habitantes quiere volver al estatuto de simple mozo – acatando las órdenes del patrón, sin discutir. Para los que son tildados de “usurpadores invasores”,este tiempo ha terminado definitivamente. La comunidad seguirá luchando por el derecho de vivir en la tierra donde se empeño.
La historia de este pedazo de tierra se enraíza en más de un siglo de lucha y trabajo. La comunidad se desarrolla unida, el pueblito cuida sus infraestructuras mientras la casa-hacienda se derrumba detrás de sus alambres de púa. Los lotes de auto-consumo dan maíz y papas mientras la selva se traga el cafetal de los terratenientes.


Así deje a Santa Josefina cuando me monte en el bus que pitaba en la mañana. Pensaba volver hacia los recuerdos, la nostalgia pero es una historia viva que puedo contar. Una historia actual llena de risas y esperanza.
Galeron y cocina de los internacionalistas.
(Foto L. Sanchis 1989-2014).



El Centro Infantil, logro de la Revolucion frente a la Casa Hacienda en Santa Josefina.
(Foto L. Sanchis 2014).

samedi 18 octobre 2014

La UPE Santa Josefina (2)

La derrota electoral

Con la derrota electoral del FSLN de febrero de 1990, se abrió una nueva era para los trabajadores del campo y los cooperativistas. Muchos esperaron con este voto la llegada de la Paz, tras tantos años de agresión. En realidad, los trabajadores del campo entraron en una nueva era de incertidumbre, expulsión y pobreza.

Muchas comunidades rurales fueron desarticuladas al ritmo de las recuperaciones de tierras, retrocesiones de propiedad.
Cosecha de 1990 en Santa Josefina.
Santa Josefina como otras UPEs de la Empresa de Reforma Agraria “Chale Haslam” estaba programada para ser devuelta a sus ex dueños: Don Salvador Amador Kühl y doña Marina Lanzas de Amador. La directiva de la “Chale Haslam” estableció que cuatro unidades de producción iban a ser devueltas. Iván Zelaya informo a Don Lino, entonces mandador en Santa Josefina que la comunidad figuraba en la lista junto a La estrella, Los Alpes y Las piedrecitas.
Midiendo la cosecha en santa Josefina.
El Capataz y al fondo, el Mandador, Don Lino en 1990.
El gobierno de Doña Violeta orientaba hacia la restitución de propiedades. Soplaban vientos de la contra-reforma agraria: Lo que había sido confiscado o intervenido para restablecer la justicia en el campo, desarrollar programas sociales y facilitar acceso a la tierra a los desposeídos, se esfumaba.

“Fuimos relegados por los Gobiernos neoliberales después de los 90, porque ellos le dieron prioridad a otra forma de organización económica del país; pusieron los intereses y todo su esfuerzo y trabajo, para que la economía pequeña de nuestras comunidades rurales y urbanas desapareciera, prevaleciendo el espacio para la gran empresa y para la creación y el asentamiento en nuestro país, de las grandes multinacionales, que vinieron a cercenar también, gran parte de la propiedad de la tierra que la Revolución había entregado a los campesinos y campesinas en los años 80.” (Movimiento Cooperativo Nacional. Municipio de Sébaco, Matagalpa, Palabras de Pedro Haslam, 18 de agosto del 2007.)

Contra-Reforma Agraria


En septiembre de 1990, el procurador general de justicia y presidente de la Comisión Nacional Revisión de Confiscaciones ordeno “que se proceda a la entrega de dicho inmueble a la señora Marina Lanzas de Amador, sin ninguna restricción en el uso y disfrute del bien restituido” 

El expediente estaba cerrado.


Mapa de Santa Josefina con fotos de la cosecha de 1990.
Por su parte, la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC), por su parte, propuso a los colonos una reubicación: Se evocaron 500 mzs en el sector de San Ramón. Que tan segura podría parecer esta alternativa cuando los tiempos de contra-reforma agraria habían venido. Habría que salirse de ahí, dejar como ajeno lo que tanto había costado: Ya la UPE de 1990 no era la finca de 1986: ya contaba con casas dignas, con un SIR y sobre todo un cafetal apto a la producción tras tres años de esfuerzo para reactivar una plantación abandonada. La historia de los colonos no se limito a la ocupación del lugar sino que lo trabajaron y le dieron valor.

De esto se trataba: negar los esfuerzos de cada uno de los pobladores y quitarles derecho a los trabajadores del campo. Ahí se situaba la mayor injusticia, mas allá de una escritura, se trataba de la dignidad de cada uno.
A pesar de la orientación de la Empresa agraria Chale Haslam y de la propuesta de la ATC, muchos pensaron que era más conveniente no moverse de santa Josefina y buscar otro compromiso.
Pintas de los brigadistas resisten al tiempo en la pared de la casa hacienda.
(Santa Josefina, foto L. Sanchis, 2014)
Salvador Amador Kühl, quien reclamaba el regreso de la propiedad, entonces propuso lo siguiente a los colonos de Santa Josefina: Se comprometió en respetar las viviendas ocupadas desde la revolución y distribuir 3 ha para autoconsumo a cada uno. “Las palabras son de aire y van al aire”. Un mes más tarde, don Salvador volvió a reclamar la totalidad de la propiedad y empezó a presionar a los trabajadores.

El conflicto se perfilaba para las familias cuando el gobierno Chamorro había prometido la paz. Más de la mitad de las 23 familias optaron por la alternativa presentada por la ATC. 13 familias de colonos se fueron para San Ramón. Esta opción, por linda que pareciera parecía dudosa en un contexto de reclamos de tierras. Quien iba a garantizar tierra a un grupo de obreros agrícolas? El programa agrario de Doña Violeta se iba para el camino opuesto.

10 familias quedaron en Santa Josefina para enfrentar la amenaza de desalojo.
Resultaba evidente que había que quedar unidos y organizarse. En 1991, se decidió formar la cooperativa “Bernardino Díaz Ochoa”.

La experiencia no resulto y fracaso dos años más tarde.


En Santa Josefina, la Casa-hacienda frente a las casas de los pobladores.
(Santa Josefina, foto L. Sanchis, 2014) 

samedi 11 octobre 2014

La UPE Santa Josefina (1)

Creación de la UPE

Santa Josefina paso en el sector estatal en los años 1986-1987. La información que nos fue dada era que la UPE estaba en situación de abandono productivo. Lo que pudo ser asimilado a un “sabotaje económico” dada la importancia del rubro café para la generación de divisas en un país sometido a una agresión militar. Entonces, Santa Josefina fue intervenida y no confiscada como la mayoría de las otras UPEs.

El cafetal de la UPE Santa Josefina (Foto L. Sanchis, 1989)
La UPE paso bajo responsabilidad de la Empresa de Reforma Agraria “Chale Haslam”. Con la intervención del gubernamental, se procedió a la construcción de viviendas decentes para los colonos quienes iban a trabajar en el lugar. El programa de construcción de viviendas esta todavía asociado en la memoria de los lugareños a chilenos. Sin poder determinar si se trato de una brigada chilena, pues, la gente recuerda que chilenos participaron en el proyecto.
Las casas construidas por "los chilenos" y la reserva de agua
en Santa Josefina . (Foto L. Sanchis, 1989)

Cuando llegaron los primeros colonos a la nueva UPE, reubicados desde una cooperativa, las casas estaban a punto de ser terminadas. La tarea principal fue de limpiar el cafetal, quitando la maleza o tumbando algunos árboles para permitir la futura cosecha.
Grupo de mujeres trabajadoras del campo comiendo en el cafetal.
(Foto L. Sanchis, 1989)

Rumbo al cafetal, Santa Josefina.
(Foto L. Sanchis, 1989)

Construccion del SIR por la brigada francesa "Roja y negra",
Santa Josefina. (Foto L. Sanchis, 1989)


vendredi 3 octobre 2014

Santa Josefina en la insurrección de 1978.

El repliegue de los muchachos hacia Apante.

Mario Mairena M escribe en “La insurrección de los muchachos”.
Cuando los muchachos levantados en armas conocieron de la masacre en el Hotel Soza, se desprendieron hacia el lugar dándose un enfrentamiento que llevó a los guardias hacia un hotel que estaba frente al lugar de la barbarie.
La mediación fracasó por la masacre del Hotel Soza y el avance ya incontenible de tropas bien apertrechadas por el norte y sur, iniciándose las ya conocidas operaciones limpieza de la Guardia Nacional, en las cuales el delito era ser joven.El grueso de los muchachos ante la evidente superioridad de la GN se miró obligado a replegarse hacia el cerro Apante y las propiedades ubicadas en la parte sur de la ciudad, pasando por donde don Uriel Pineda, Salvador Amador en la hacienda Santa Josefina, terminando en la hacienda La Luz, de Julio Rivera.Entre la columna de muchachos, cuyo número llegaba casi a los mil, estaba Víctor Guevara, Sadie Rivas, Néstor López, Mercedes Tijerino, Ermes y Noel Matuz, Guillermo González, Ernesto Cabrera, Sergio Cruz, Salvador Gutiérrez, Aníbal Rivas, Erwin Cárdenas, Guillermo González, Silvia Soza, Santos Sobalvarro, todos dirigidos por José González Picado.”
Monumento de la insurreccion de los muchachos
(foto : L. Sanchis, Matagalpa, 1989)

Salvador Amador Lanzas

Haber llegado a Santa Josefina no fue tanto debido al azar ya que el hijo de Salvador Amador Kühl, Salvador Amador Lanzas era colaborador del Frente Sandinista. En el libro “Ser madre en Nicaragua: testimonios de una historia no escrita” de Roser Solà, María Pau Trayner publicado en 1988, doña Marina Lanzas de Amador habla de su hijo:
Él trabajaba acá, en una de las fincas nuestras. Su papa se la había dado para que se dedicara exclusivamente a eso. (…) Se daba completamente a todos sus empleados, les daba clase en la tarde. Antes, aquí en Nicaragua, el horario de los trabajadores era de 6 a 12 y de 2 a 4; pero él implanto que fuera una sola jornada hasta el mediodía para que así los empleados pudieran tener más tiempo libre y les pudiera dar clases en la tarde”.


 
La bandera Rojinegra en Santa Josefina.
(foto : L. Sanchis, Santa Josefina, 1989)

Muerte de Salvador Amador lanzas

En las memorias de la lucha sandinista, compilado por la Comandante Verónica Baltodano, aparece el testimonio de José González quien relata las circunstancias de la muerte de Salvador Amador Lanzas :
Cuando la insurrección de agosto de 1978, que se llamó la “insurrección de los muchachos”, ésta fue en realidad un desborde de presión popular que terminó siendo una sublevación, porque nosotros no teníamos orientaciones de lanzarnos.
Estaba a cargo del Regional Faustino Ruiz “El Cuje”, el compañero Crescencio Rosales Cabrera, quien había llegado de la montaña y tenía algunos padecimientos médicos. A veces en reuniones cuando pasábamos varios días de desvelo por el trabajo, le daban como cuadros de epilepsia. Seguro el desvelo, el cansancio, la mala alimentación.
Era un compañero de unas cualidades increíbles y una firmeza revolucionaria. Estuvimos en contacto con él.
Después de la insurrección de agosto del 78, hay un operativo en el cual participan dos compañeros destacados de Matagalpa, Sócrates Baldizón y José Adrián Castillo, conocido como “Cuchumbeco”. Ellos hacen una operación en un jeep Toyota PJ-40 color rojo, similar al que usaba Salvador Amador, quien movía usualmente a Crescencio. El operativo era súper simple, era recuperar un mimeógrafo del Colegio Monseñor Carrillo, para las tareas de propaganda. Los compañeros incluso anuncian que el operativo es del Frente Sandinista; la Guardia recibe la denuncia y comienzan a buscar un jeep Toyota rojo. Y se le pegan al de Salvador que, en ese momento, se movía ajeno a todo lo que pasaba. Como ellos se dan cuenta que los van siguiendo, todavía Crescencio puede desprenderse de unos papeles que andaba, y luego logra hacer unos disparos. A Salvador lo capturan y asesinan dándolo como muerto en combate. (Cayeron el 2 de noviembre de 1978).

Sandino y Carlos Fonseca en la UPE La Pintada.
(foto : L. Sanchis, La pintada, 1989)

Pero también es verdad que a Crescencio lo tenían penetrado, porque después del triunfo de la Revolución, tuve acceso a los archivos de la OSN y de la Sección del Servicio Anticomunista (SAC) y pude ver que una de las personas donde llegaba Crescencio, tenía carnet del SAC. Además, había una serie de informes de nosotros, que sólo podían ser elaborados por alguien que estaba dentro. A Crescencio, ellos no lo querían quebrar sino seguir, porque a ellos no les interesaba un cuadro por aquí o por allá, sino las redadas y los quiebres de los principales cuadros.”

vendredi 26 septembre 2014

Santa Josefina, terratenientes y colonos.

El libro de Eddy Kühl, evoca los propietarios de la hacienda Santa Josefina que se sucedieron a lo largo del siglo XX. Su vocación cafetalera aparece desde su fundación.

Casa hacienda en Santa Josefina, Matagalpa.
(Foto L. Sanchis - 2014)

El primer dueño mencionado fue Adán Guevara.

Eudoro Mantilla y Hernán Delgado, los copropietarios que siguieron son mencionados en un informe de la Guardia Nacional de 1930. Mientras el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional del General A. C. Sandino desarrollaba sus acciones desde el Norte del país, la GN llevo un censo entre los trabajadores y jornaleros de las haciendas y minas de la región de Matagalpa. El fin era verificar el impacto de la guerra en la producción y evaluar la actitud de los trabajadores ante la gesta libertaria.

El informe “Datos acerca de plantaciones cafeteras en el distrito de Matagalpa”, precisa que los datos de producción de la hacienda Santa Josefina son parecidos a los de 1927.

La hacienda produce 1000 sacos de café con rendimiento promedio. Tiene 140.000 cafetos en producción y 60.000 sin cosechar. Santa Josefina cuenta 3 casas y una casa de maquinas. (La maquinaria tiene un valor fiscal de 500 US $). El valor fiscal de la propiedad está estimado a unos 18.000 US $.Durante la cosecha, la hacienda emplea a 140 hombres y entre 40 y 50 a lo largo del año.
Maquinaria detras del edificio principal.
(Foto L. Sanchis - 2014)

Luego, Joaquín Lanzas compro la hacienda Santa Josefina. Salvador Amador Khül aparece como ultimo hacendado sin precisar la fecha en que compro la propiedad de unas 400 mzs.

Condiciones de trabajo.

Tras la insurrección indígena de 1881, la ley de trabajo forzoso en las haciendas cafetaleras perduro hasta 1904 cuando el gobierno Zelaya la anulo. Lo que causo gran inconformidad entre los cafetaleros matagalpinos contra el gobierno y un reclamo constante hasta los años 1920 para su restablecimiento. Muy difícilmente los indígenas de la región aceptaron transformarse en colonos. Se hacían “adelantos” a los futuros cosechadores… en  otras palabras, se les endeudaban para captarlos en las haciendas y utilizar las leyes represivas para obligarlos a trabajar. 
Muchos indígenas se fugaban de las haciendas cafetaleras. La falta de mano de obra para la cosecha fue recurrente a principio del siglo XX. Fue hasta los años 1930, tras años de pérdida progresiva de sus derechos y tierras que los indígenas se convirtieron poco a poco al sistema de colonato. Los malos salarios apenas permitían la subsistencia de los trabajadores. (Jeffrey Gould, El café, el trabajo y la comunidad indígena de Matagalpa, 1880 – 1925)

Detalle, Retrato de AC Sandino
(Palacio de la cultura, Managua, foto L. Sanchis - 2014)
Las contradicciones sociales eran evidentes en el campo. Lo que hizo que la GN se preocupara por prevenir las reacciones de los trabajadores. Los programas sociales para los trabajadores del campo llegaron hasta medio siglo después con el triunfo de la Revolución sandinista.

samedi 20 septembre 2014

Santa Josefina, tierra indigena.

La guerra de las comunidades.

Pocos estudios se preocupan por la historia de estas comunidades diseminadas en el territorio matagalpino donde fueron a parar decenas de brigadas extranjeras. Entre la Revolución y la guerra, vivíamos momentos históricos. El proyecto de remodelación de la tenencia de tierra, de la propiedad y del acceso a la tierra no era algo inédito en este lugar. Un siglo antes, los indígenas matagalpas habían vivido un cataclismo con el despojo de sus tierras. El bus me llevaba al lugar donde esperaba escuchar la continuación de esta historia vivida que tanto me había marcado.

La expansión cafetalera origino la creación del latifundio agrícola en el departamento y contribuyo al enriquecimiento de una reducida capa de productores y al despojo de la población indígena” (Dora María Téllez, p.262).(Foto L. Sanchis, 2014)

Los indígenas matagalpas vivieron una presión creciente debido a las nuevas leyes que permitían la denuncia de las tierras ejidales, la negación de sus costumbres y ritos tradicionales, la liquidación de la representación legal de las autoridades indígenas, la obligación de trabajo en infraestructuras públicas (como el telégrafo)… En marzo de 1881, se desato la rebelión en el territorio contra el gobierno central.

El 31 de marzo de 1881, unos mil indígenas cercaron Matagalpa y la atacaron, enfrentándose a la pequeña guarnición y a grupos de ladinos que se sumaron a la defensa del poblado. Los indígenas de Jucuapa participaron al levantamiento, junto a grupos de Uluse, El Horno, El Gorrión, San Pablo, San Marcos, El Zapote, El Matasano y Potrero de Yasica, armados de sus tafixtes (flecha de punta afilada).

Tras el asalto, las autoridades locales pretendieron negociar con los sublevados. Lo que permitió al gobierno nicaragüense preparar y mandar sus tropas que llegaron el 10 de agosto. (Dora María Téllez, Muera la gobierna, 1999, p.16-17). Hasta el final de 1881, se llevo a cabo la “pacificación” de la región dejando un saldo de unos 5000 muertos, lo que el historiador Ortega Acuna llego a calificar de “genocidio” (Historia general de Centroamérica, tomo 4, p. 311)

Los mapas publicados al final en “Muera la gobierna” de Dora María Téllez,  indican que el sector de Santa Josefina pertenecía a la comunidad indígena de Matagalpa. Tras el genocidio, fueron miles de manzanas las que fueron disponibles para la expansión cafetalera. Entre 1889 y 1891, en la comarca de Jucuapa arriba, 300 mzs fueron denunciadas para plantar café.

La propiedad latitudinaria se constituyo a expensas de la masiva privatización de baldíos, la ocupación privada de tierras comunales y de ejidos indígenas. (Dora María Téllez, p.301). (Foto L. Sanchis, 2014)

Eddy Khül no comparte el hecho de que el desarrollo de la caficultura fuera responsable del levantamiento indígena. (Eddy Khül, Nicaragua y su café, 2004, p. 128). En 1881, eran todavía pocas las fincas de café por Matagalpa pero ningún desarrollo hubiera sido posible sin las leyes que permitieron el despojo de las tierras indígenas. El objetivo de esta reforma gubernamental era crear disponibilidades de tierras para los hacendados en una zona donde ya se experimentaba el café desde 1870.


Mario Samper, historiador especialista de la caficultura en Centroamerica afirma que “La presión sobre la tierra comunal cuando se iniciaba el crecimiento agroexportador asociado al café se conjunto con la reimposición del trabajo forzoso para desencadenar la guerra de las comunidades en 1881”. (Samper, en Historia general de Centroamérica, tomo 4, p. 64)

lundi 15 septembre 2014

La hacienda Santa Josefina.

Matagalpa y el café.

El bus salió con pena de la ciudad. Desde el principio, la cuesta se pone brava hasta llegar a las primeras alturas desde donde se divisa la “Perla de septentrión”. Hoy, Matagalpa es una de las principales ciudades del Norte y es capital regional. Un siglo antes, Matagalpa era una capital de la frontera agrícola, de la frontera de la Republica ya que la Nicaragua independiente de 1821 desconocía totalmente su “espacio interior”. Durante la colonización, La Mosquitia, Chontales y Matagalpa fueron zonas de resistencia que la Republica buscaría como integrar.

Hacienda La Luz - 1989 (Foto L. Sanchis)

A partir de los años 1860, el país se recuperaba de varios años de guerra entre conservadores y liberales. Nicaragua experimentaba nuevos rubros para insertarse en el comercio internacional y empezó el movimiento de incorporación de las regiones centrales y orientales. Por lo tanto, las regiones de la frontera agrícola no eran vacías. Hasta el siglo 20, los indígenas representaban 35 % de la población total. (Jeffrey Gould, la nación indohispana, 1993, p.1).

El desarrollo de los cafetales en Matagalpa conto con la privatización de inmensos lotes de tierras indígenas. La incorporación económica de la región de Matagalpa tuvo consecuencia no solo en la eliminación de las tierras ejidales pero también con parte de la población indígena después de la rebelión de 1881. La presencia indígena era asimilada a un “freno  al progreso” y fue calificada de “mancha en la civilización”. El gobierno impulso un programa de “regeneración racial” llamando a la inmigración de Europeos y financio el desarrollo de la plantación de café.

Plantios de café en espera de ser plantados. 2014 (Foto L. Sanchis)

Las leyes agrarias del gobierno conservador de Pedro Joaquín Chamorro, en 1877, permitieron la disolución de las tierras indígenas y años más tarde, obligaron a la mano de obra “ociosa” a trabajar en obras del gobierno (Trabajo forzado en 1880 y Ley contra la vagancia en 1881), estableciendo así un sistema de esclavitud en nombre del progreso.

El geógrafo francés, Pablo Levy, escribió en 1870: “Desde la proclamación de la independencia, Centroamérica ha atravesado un periodo de pruebas políticas, durante el cual puede decirse que el abuso ha continuado para los indios (…) La abolición de las encomiendas, de los tributos y de la esclavitud hicieron que las empresas agrícolas tuvieron todavía más necesidad de ellos que antes de la independencia”. (Pablo Levy, Notas geográficas y económicas de la Republica de Nicaragua, 1873, p. 215)
Hacienda La Luz - 2014 (Foto L. Sanchis)
El bus amarrillo seguía caótico, por las faldas del cerro Apante. Al Sur, siempre buscando el Sur, pasando los caseríos. El Socorro, San Juan, La Pintada… Ahora sí, iba llegando porque varias veces venimos a la UPE La Pintada. Ahí había una presa que convertimos en bañera general de la brigada. Recuerdo la última curva larga hacia la derecha y ahí se divisa un cerrito. El que domina Santa Josefina.

lundi 8 septembre 2014

Volver a Santa Josefina.

Santa Josefina es un lugar verde donde corre el agua. Sus casas aparecen abajo de un camino encorvado como una serpiente, en la comarca de Jucuapa al Sur de Matagalpa. Este pedazo de tierra sigue con dulzura la vertiente del cerro frente al valle de Sébaco. Este pedazo de tierra fue la puerta por la cual, hacen 25 años conocí a Nicaragua… La Nicaragua sandinista de los años 1980 donde aterrizo la aeronave soviética que transportaba estudiantes de regreso al país y brigadistas extranjeros. Como parte del proceso de solidaridad, eran miles de mujeres y hombres, los que se turnaban para conocer el proceso revolucionario y trabajar en los proyectos definidos por el gobierno: construcción, cosecha, asesoría…

Mural en Managua por 7 Sur (Foto L. Sanchis, Agosto de 1989)
Pasaban los años pero siempre se mantuvo esta inquietud: que habrá pasado en Santa Josefina? Después de tanto tiempo, donde estarán los que limpiaron el cafetal abandonado, los que participaron en la cosecha, las cocineras, las maestras, los que nos orientaron en la construcción del SIR, los que nos regalaban risas ante nuestros rostros perplejos y enfermos por la difícil adaptación a la realidad rural.

No fue que me olvide de Nicaragua. Con Compañeros, hemos apoyado proyectos entre Carazo y Nueva Segovia… Si hasta en otros países centroamericanos fui a parar con mi eterna mochila. Pero no sabía cómo concretizar el deseo de volver.

Tenía varios años de acumular documentos y testimonios sobre el movimiento brigadista en Nicaragua. En mi blog, entre varios artículos, publique algunas fotos del trabajo de la brigada francesa “roja y negra” y algunas vistas de Santa Josefina cuando aún era UPE. Venían junto a las fotos unos recuerdos y comentarios de un obrero agrícola sobre el trato de los terratenientes antes de la Revolución. Esta publicación me valió el comentario siguiente de Federico Mairena: “La historia de la confiscación de esta hacienda aún no está clara. Me extraña que se diga que los propietarios Don Salvador Amador Kühl y Doña Marina Lanzas hayan sido odiadas”. Era la primera vez que oía mencionar a los ex terratenientes y se hacía referencia al hijo Salvador Amador matado por la Guardia Nacional en 1978. Espere tener más detalles pero no supe más sobre la historia del lugar. Hasta un día de 2013, un tal “Magyver” me escribió haciendo referencia a su comunidad, Santa Josefina, sus habitantes quienes seguían en conflicto con los dueños.
Aja, ya tenía algo concreto; la relación con Santa josefina podía reanudarse. Ya era tiempo de apartar la nostalgia y las fotos viejas. Ya era tiempo de volver. Así, el 21 de agosto, salí a las 7 de Managua con el expreso para Matagalpa. El bus dejo el mercado “Iván Montenegro” para reunirse con el flujo intenso de la carretera norte y recorrer este mismo camino que había hecho 25 años atrás cuando tenía apenas 18 años.

Mural en Managua por Plaza España (Foto L. Sanchis, Agosto de 1989)
En el bus, el tiempo se compacto a pesar de los cambios reales cuando miraba el paisaje más seco, la Panamericana más transitada y la ropa de los nicas menos uniformada. Es que entonces, todo el mundo vestía algo verde o camuflado, fuera una gorra de cachorro, una camiseta verde olivo o las mochilas del Servicio. Ya no pasaban convoyes del EPS, repletos de cachorros que volvían del Norte. Habían pasado 25 años, y volvía a estas mismas montañas sin saber cual era la situación en  la zona. 

Pensando en mi ausencia en este lapso de tiempo, este cuarto de siglo, podría reinventar una historia para hablar de mi militancia política y tratar de hacer resaltar mediante figuras literarias una vida al final muy común (de no ser meramente comunista) y muy cómoda (de no ser tan proletaria). Lo que sí está seguro es que como para tantos otros, la experiencia nicaragüense influyo en mis concepciones y en la urgencia de organizarse para cambiar este mundo. 25 años… en este lapso, la comunidad que siempre recordé, mantuvo un solo discurso: “No nos van a desalojar”. “No nos vamos a ir de aquí”. Este lapso de tiempo fue la “paciente impaciencia” que compartimos.

Desde la terminal de Matagalpa me indicaron que buses pasaban por Santa Josefina. Un taxista me lo confirmo y me dijo de esperarme en una esquina, que a las 11 saldría el camión.

Y así, seguí el camino del retorno…

Terminal de Matagalpa (Foto L. Sanchis, Agosto de 2014)

vendredi 25 octobre 2013

Construccion del SIR de La Pintada en (Nicaragua - 1989).

PRIMAVERA EN LOS CAFETALES


(Barricada Internacional, 20 de mayo de 1989).

Brigadistas construyen guarderías

Una niña coloca unos palitos de madera en la tierra. Está levantando un pequeño edificio, a la sombra de otro que construye una brigada suiza. Se trata de un servicio infantil rural (SIR) que beneficiará a los 50 niños de las 30 familias que viven en Santa María de Ostuma, en Matagalpa. Una vez concluido, la pequeña ya no tendrá que cuidar a sus dos hermanitos mientras su madre –el padre fue asesinado por la contra trabaja en el campo. Por primera vez en su corta vida podrá ir al colegio.

SIR en Construccion en la UPE Santa Josefina (Foto L. Sanchis - 1989)

En la Pintada, una de las nueve fincas que integran la empresa estatal Chale Haslam, trabajan tres brigadas de Estados Unidos, Menorca y el País Vasco-. Al igual que los suizos, construyen un SIR que atenderá a los hijos de sus 300 trabajadores. La cosecha del café terminó hace varios meses, pero las fincas de la Chale Haslam, por su ubicación, siguen siendo las más visitadas por las brigadas de cooperantes internacionales que de marzo a octubre se dedicarán a la construcción de obras sociales.
En años pasados los niños les hacían compañía, alegrando los días lluviosos y rompiendo el hielo entre las distintas nacionalidades. Cuando comience la próxima cosecha, los brigadistas estarán más solos. En vez de deambular por los surcos y los dormitorios, los niños estarán en las nuevas guarderías.
Con los dos SIR en construcción, suman más de 100 los existentes en la zona cafetalera. Antes de los recortes presupuestarios de este año, el instituto de seguridad social y bienestar se encargaba de atender sus necesidades. Ahora son producto de seguridad social y bienestar se encargaba de atender sus necesidades. Ahora son producto del esfuerzo conjunto de la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC), las empresas estatales, los brigadistas y el Consejo Nicaragüense de Amistad, Solidaridad y Paz (CNASP), que coordinó las diferentes instancias. Este año una nueva situación hace que las obras sean aún más urgentes: trabajadores de la ciudad se trasladaron al campo para hacer frente a la crisis económica y el desempleo. Para darles estabilidad, habrá que asegurarles condiciones mínimas para compensar la pérdida de algunas comodidades y la falta del apoyo familiar.

Momento de descanso en La Pintada (L. Sanchis - 1989)


Respaldar valores humanos

La brigada suiza está trabajando con el maestro de obra del colectivo de construcción de la ATC y algunos trabajadores de la comunidad. Usarán bloques de cemento y un techo de zinc para levantar una estructura de 12 x 18 metros que consideran más segura, aun cuando esto signifique más trabajo y mayor costo. Los suizos permanecerán seis meses. Trajeron consigo US$ 40 mil, de los cuales US$ 15 mil son para la construcción del SIR. Donaron US$ 3 mil a la Juventud Sandinista y están decidiendo el destino del resto. "Es muy poco nuestro dinero y mano de obra contra el peso del imperialismo. La mejor solidaridad que podemos dar -dijo uno de ellos- es seguir resistiendo al sistema. Su esfuerzo común es el resultado de tres experiencias organizativas muy distintas. 

La brigada vasca, organizada por Askapena ("liberación" en euskera) fue la primera en llegar. Le tocó limpiar y nivelar el terreno virgen únicamente con palas y machetes. Se quedarán dos meses para aprovechar al máximo el costoso viaje, a sabiendas de que las posibilidades de empleo serán escasas a su regreso.

Solo uno de los seis integrantes de la brigada menorquina participaba en el comité local de solidaridad, pero logró interesar a los demás todos de Ferradías, poblado de 3 mil habitantes- y juntos conformaron la primera brigada que se organiza en la isla. "Pensé que el trabajo iba a ser más bien simbólico. Me di cuenta que es necesario", afirmó una de sus miembros. "Lo importante no es lo que uno vive -explicó uno de los integrantes de la brigada menorquina- sino lo que se transmite al regreso. Vimos la disposición de seguir con el proceso, cueste lo que cueste."

Los 17 estadounidenses, de 10 estados, no se conocían antes de venir en la brigada organizada por la Red Nacional de Solidaridad. Su responsable Peter Schneider, de un bufete legal en Filadelfia, explicó que eso impidió que recaudaran fondos como grupo, "pero brindó la oportunidad de que viniera gente de comunidades que no tienen comités de solidaridad”. Schneider considera también que las características del grupo permitirán una mejor difusión de la experiencia vivida en Nicaragua.



Brigadas de construccion en Nicaragua
(SIR de Santa Josefina - foto L. Sanchis - 1989)

lundi 4 février 2013

Si se va la Brigada, quedara la Revolucion ? (3 y fin)

En el caserío, los brigadistas están reunidos con Ramón Ortega que acaba de regresar de Matagalpa. Esta noche, todos se reunirán para conocer la decisión final. Por ahora, hay que limpiar los fusiles y preparar el mono.

La reunión se organiza en la casa de abajo cerca del pozo. Todos estamos afuera mientras Ramón, David y otro muchacho preparan el mono. La decisión es difícil de entender: la brigada será trasladada en la zona de Cuapa, Chontales. Como justificar este cambio, apenas cinco meses antes de la cosecha? Leonel dice que no quiere dejar la UPE, Betancourt declara que seguirá las consignas del Frente, Santamaría, este gigante barbudo, se levanta y pregunta quien tomo la decisión de echar a la mierda a los trabajadores y desplazar a la brigada, sabe que a partir de entonces, los niños de Santa Josefina ya no tendrán profesor… Para calmar a los compañeros, el delegado de la CST afirma que personalmente se opuso a la decisión, los argumentos de Ramón Ortega no convencieron al responsable del sector estatal. Lunes por la mañana vendrán dos camiones para llevar a los compas rumbo a Chontales, la decisión es definitiva.




Brigada ENABUS : al centro : Betancourt, "el Teniente" y Santamaria "el Profe".

Realizo entonces que los que considero como mis hermanos, los que tanto me dieron, se van. Esta brigada fue constituida en marzo de 1989 con trabajadores de ENABUS para participar a la reactivación económica de la UPE. Habían dejado la capital, su familia, la seguridad de la ciudad para trabajar en una zona de guerra, encarnaron la Revolución en esta montaña apartada. Con esta decisión los brigadistas sentían en el fondo que perdían su dignidad, nunca participaran a la próxima cosecha de café...
La reunión terminada, se siente el olor a comida que sale de la cocina. Todos nos juntamos alrededor de la olla y en pocos minutos desaparece el pobre mono. Me como rápido dos pedazos de carne con arroz, me chupo los dedos para no perder nada. Ya comido, de nuevo empieza a vencerme el sueño. Pedro me deja su cama y se instala en una hamaca. Quito mis botas y me acuesto. En la oscuridad, siento una barra metálica en la espalda. Mis manos acompañan la curva del cargador de un AK. Agarro el fusil y vuelvo a pensar a estos días en la montaña. Un elemento entre cientos diseminados en el territorio de la « Nicaragua Libre » para decir « No » a los gringos, resistir, trabajar y amar a la Revolución
El dia que se fue la brigada ENABUS.

jeudi 31 janvier 2013

Si se va la Brigada, quedara la Revolucion ? (2)

La preocupación y la tristeza empieza a jodernos cuando un campesino nos invita en su casita: Nos habla de su vida miserable y su reclutamiento en la Guardia Nacional antes del triunfo. Durante la dictadura, centenares de campesinos analfabetas como el, fueron reclutados y entrenados a matar a su propio pueblo: « Quienes somos? Tigres! Que beben los tigres? Sangre! la sangre del pueblo ! » Cuantos se transformaron en esbirros, en asesinos persiguiendo a los muchachos en la ciudad o la montaña? Nos decía que la Revolución le había devuelto su dignidad, le había dado esperanza. Le enseñaron a leer y a escribir al principio de los años 1980 cuando la Cruzada de alfabetización. La perspectiva de ver a la brigada ENABUS salir de la zona lo preocupaba mucho: temía de que volviera el terrateniente, recordaba su actitud y los golpes. Este terrateniente, colaborador de la Contra que poco a poco había saboteado la producción: lo que justifico su expropiación. Lo dejamos cantar su tristeza con su hijo mientras un brigadista nica toca la guitarra…

Sentado en las tablas que sirven de banca miro a Ramón, Pedro, Santamaría «el profe» y Jairo que se dirigen hacia el cafetal. Nos llaman para dar una « vueltecita ». En fila, pasamos el cafetal y penetramos en la selva ya más oscura. Bajo los capotes verde-olivo, miro los cañones… Recuerdo los días anteriores cuando nos fuimos a entrenar con Ramón y « el teniente »: disparar, tenderse, en cuclillas, avanzar con el fusil, dar saltos, correr… « Esta experiencia siempre les servirá » nos decían… Y yo, puta, a miles de kilómetros de mi casa, mis amigos, mis camaradas… Contaba dieciocho primaveras y avanzaba armado en esta montaña. Nos hicimos mas duro y lo jodido es que esta experiencia teníamos que guardarla sin compartirla con nadie.
Solos los nicas pueden orientarse en esta selva. Apenas Jairo daba con el machete que un miliar de insectos me caían encima y se pegaban a mi cuello sudado, los chayules me designaron como mascota, me amaban al punto que no quería abrir la boca para no tragármelos. Desaparecemos en esta vegetación. Volvimos a aprender a caminar. En Nicaragua, volvimos a aprender todo, caminar como gato en el lodo, filtrar el agua, comer todo lo que se puede comer, trabajar sin parar, cagar y dormir. « Quédate en fila!», « respeta las distancias !», « no haga bulla ! » « Que no ves las huellas! ». Realmente, no miraba nada y solo me fijaba en la camisa de Jairo. Pues Jairo encabezaba la columna, Santamaría me seguía, luego venían David y Ramón, Pedro cerraba la fila.



Descansamos cerca de un riachuelo, al pie de un árbol inmenso. Ramón nos explica que los monos están allá mas arriba y que ahora hay que avanzar sin ruido. La columna sigue progresando en este laberinto vegetal. A esta altura, estoy incapaz de orientarme. Pedro hace una señal y nos parramos, levanto la cabeza y allí están. Un grupo de varios monos, los monitos bien pegados a su mama pero ya el macho nos reparo y grita, parece tigre. El grupo de monos congós se desplaza y trata de huir. En fila, rastreamos y los seguimos, los compañeros ya se fijaron en el macho, creo que Santamaría disparo el primero y el congó replico tirando todo lo que tenía al alcance para defenderse, hasta su propia mierda… provocando los gritos de Ramón. Seguía mirando la cima cuando Pedro le pego el balazo y el pobre mono cayó. Lo fui a buscar, lo agarre y mire su cara de hermano triste, dio su último suspiro cuando lo levantaba. Esta noche la brigada lo repartirá en Santa Josefina