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samedi 22 août 2015

María Felisa Lemos en “el ojo del Huracan revolucionario” (1979-1991) (2/3)

Salud y Educación Popular
Salud EPSEl triunfo de la Revolución Sandinista el 19 de julio de 1979 determinó la incorporación del pueblo tanto en la acción como en la gestión de salud.
Cuando llegamos a Nicaragua, sentí que estaba en terreno conocido. En mi Goya natal me había acostumbrado a ver personas que tenían un saber aceptado por una parte de la sociedad y que no provenía de estudios científicos o universitarios. Conocí al huesero y a la curadora de empachos que ejercían su labor de manera gratuita porque lo consideraban un don. En mi tarea como médica, en los Esteros del Iberá aprendí a trabajar con personas que tenían esas características, pero que eran perseguidas porque se consideraba que su trabajo era ilegal. Grande fue mi sorpresa cuando me encontré que en Nicaragua estas personas no eran perseguidas sino estimuladas a mejorar su tarea, por lo que no me resultó extraño o diferente compartir la atención  de la salud con parteras y brigadistas.
Las parteras
La primera vez que tomé contacto con una partera en Nicaragua fue en 1980, en el campamento de los obreros del café de la finca La Fundadora que había sido propiedad de Somoza y en ese momento era área recuperada como propiedad del pueblo.
Una noche me llamaron desde ese lugar para atender a una joven parturienta primeriza cuyo parto venía con complicaciones. Llegué al camarote, que era un cubo de madera donde se albergaban los trabajadores que cosechaban el café, y a la luz oscilante de un candil estaba la partera del lugar atendiendo a la mujer. Cuando  me vio, dijo: “Ahora que usted llegó, yo me voy a ir”. “No”, le contesté, “¿por qué? entre las dos lo vamos a hacer mejor”. Y así fue, observé los masajes que ejecutaba, los brebajes que le hacía beber mientras yo hacía las maniobras médicas necesarias para el alumbramiento. Nació el niño, se acomodó a la madre y al recién nacido, y nos pusimos a conversar un rato la partera y yo.
Durante ese año y en los dos subsiguientes participé en los cursos de adiestramiento para las parteras empíricas, al que concurrían mujeres experimentadas en el tema. Enseñábamos lo relacionado con la asepsia y la antisepsia  y la vacunación para evitar el tétanos neonatal. Los cursos eran prácticos y transcurrían en un clima ameno y cordial. Con muñecos o envoltorios de trapo que simulaban ser un bebé intercambiábamos conocimientos sobre plantas, masajes e infusiones para relajar a la embarazada. Yo me sentía aceptada por estas compañeras que brindaban sus servicios en forma gratuita.
Jornada Popular de Salud en 1988. El Cedro Jinotega
Jornada Popular de Salud,El Cedro, Jinotega (1988)
El Ministerio de Salud creó una historia clínica y un sistema de referencia y contrarreferencia para las parteras. Estaba basado en dibujos, en planchas con dibujos de mujeres embarazadas con alguna patología: pies hinchados, pérdidas vaginales. Cuando una mujer embarazada, que estaba bajo el control de una partera, presentaba alguna dificultad que exigía la presencia de un médico o el traslado a un centro de salud, la paciente era acompañada por la partera, quien además traía un gráfico de lo que estaba pasando. Ese dibujo se adjuntaba a la historia clínica.
A pesar de la situación militar, las minas y los combates,  nos reuníamos una vez al mes con todas las parteras del área Cuá Bocay. Eran reuniones grandes, de entre 20 y 50 mujeres, donde se intercambiaban experiencias, problemas ocurridos en la práctica. Se daban noticias de lo que pasó de una comarca  a la otra, por cuanto estas mujeres venían de diferentes territorios.
Siempre se comenzaba la reunión con una dinámica, que generalmente la preparábamos las parteras del pueblo junto con los equipos de salud. Por la tarde había dramatizaciones, o alguna puesta en práctica de lo vivenciado. Era una reunión generalmente de dos días y  terminaba al atardecer, cantando con toda la fuerza el himno de la revolución del FSLN. También nos entregábamos cartitas o encargos para vecinos de otra comarca.
Había veces que aprovechábamos las fiestas, un 19 de Julio, o un 8 de Noviembre, y si era fin de  semana la reunión que era una oportunidad en que la gente de la zona bajaba al pueblo para festejar, entonces se aprovechaba el encuentro y una de las noches se organizaba un gran baile.
El Ministerio de Salud pagaba los gastos de viaje, la comida, y en los casos en que era necesario que los que venían de afuera se quedaran a dormir,  nos arreglábamos de alguna manera. No era fácil hacer estas reuniones porque el Cuá era un pueblo chico, sin ningún tipo de confort, sin agua potable por ejemplo, con los caminos minados, con la guerra permanentemente alrededor, y donde conseguir un colchón era complicado; no obstante alguna solución encontrábamos.
Los brigadistas
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Testimonio de Maria Felisa Lemos e Irma Antognazzi sobre el proceso revolucionario en Nicaragua.
Los brigadistas de salud eran, como las parteras, parte del pueblo que se incorporaba a las tareas del trabajo comunitario.
No necesitaban, como aquéllas, haber venido desempeñando tareas relacionadas específicamente con salud, aunque deberíamos preguntarnos qué es lo que no se relaciona con la salud. Las brigadistas y los brigadistas eran miembros de cooperativas, ya que en las cooperativas había comisiones de organización del trabajo, de la salud, de la educación. Cuando se anunciaba que se iba a hacer un curso de capacitación para brigadistas, para participar en las Jornadas Nacionales de Vacunación o Antimaláricas, por ejemplo, se hacía llegar la invitación a las cooperativas del área y eran los miembros de éstas los que elegían quién se iba a capacitar como brigadista de salud. Esta  capacitación duraba un mes, en el que debían permanecer  en el poblado del Cuá, aunque los  fines de semana podían ir a sus casas si la situación lo permitía. Y era su propia cooperativa la que mantenía su familia y se hacía cargo de las tareas, en la producción y en la defensa. Ese mes era intensivo pero no finalizaba allí su formación. Teníamos, como con las parteras, una reunión mensual, y 15 días de capacitación intensiva cada 4 meses.
La formación de brigadistas era un poco más compleja, exigía un poco más de esfuerzo de los capacitadores. Podía ser hombre o mujer y podía tener de 12 hasta 100 años, lo que importaba era el compromiso que asumía con su comunidad y con la revolución.
Muchos de los nuevos brigadistas eran recién alfabetizados entonces las cartillas que se utilizaban para la capacitación estaban escritas con letras grandes, claras y con muchos dibujos. Se partía desde las vivencias, desde las experiencias que traían, desde los sueños que tenían. Hablábamos mucho de la reforma agraria, porque todos eran de tierras colectivizadas. La enseñanza siempre estaba relacionada con cuestiones prácticas, con la vida cotidiana. Se utilizaban mucho los juegos para aprender, el poner el cuerpo, dramatizaciones, canto, mucho canto y mucho baile.
Mi relación con las parteras y los brigadistas fue de igual a igual, manejábamos los mismos códigos y queríamos las mismas cosas. Teníamos diferentes conocimientos pero el intercambio nos enriquecía.

samedi 28 mars 2015

Nicaragua... el sueño de una generación (Documental sobre los Argentinos en Nicaragua).


El documental "Nicaragua... el sueño de una generación" de Roberto Persano, Santiago Nacif y Daniel Burak presentado en 2012, sigue dando vuelta en el mundo (Argentina, España, Suiza, Cuba, Nicaragua...). En Francia fue presentado en el festival Cinélatino de Toulouse en 2013 y Lyon en 2014.

El documental relata los itinerarios y recuerdos de los Argentinos que participaron en la Revolucion sandinista en los años 1980.

Roberto Persano y Santiago Nacif 

Palabra de los directores : Roberto Persano, Santiago Nacif y Daniel Burak.

El objetivo de la película es recuperar la gesta revolucionaria nicaragüense de finales de los años 70, a partir de la memoria de algunos de aquellos argentinos que formaron parte de dicho proceso, y ver de qué manera esa participación les dio un nuevo sentido a sus vidas. 

De este modo se busca generar una obra audiovisual que permita comprender la importancia histórica de la experiencia sandinista y, a través de ella, revalorizar el compromiso, la militancia, la solidaridad y la hermandad entre los pueblos. 

Traer a la luz este proceso revolucionario y los fuertes lazos solidarios que se vivieron intensamente entre pueblos latinoamericanos, nos permite también reabrir el debate sobre la situación en que se encuentran hoy en día nuestros países de Latinoamérica. Pensar los actuales intentos de la región por retomar una posición continental autónoma, libre y soberana. Frente a un discurso que se nos presenta como escéptico y desideologizado, la revolución sandinista parecería no haber dejado herencia alguna. Sus conquistas y virtudes son apreciadas como un incómodo recuerdo, un sabor amargo en la memoria de los pueblos latinoamericanos. 

Por eso, evocar la revolución sandinista, no debe ser considerado como un puro ejercicio de nostalgia; es la recuperación de una memoria a la que se ha intentado invisibilizar, pero que sin embargo sigue viva. Como muestra de su actual vigencia basta con ver las incontables luchas populares a lo largo de toda América tratando de forjar un mañana mejor. 

Porque pese a todo, la razón sigue estando del lado de los que sufren. Recuperar la memoria de la revolución sandinista es entonces recuperar la lucha por un mundo mas justo. 

Nicaragua... el sueño de una generación
Enlace facebook : https://es-la.facebook.com/pages/Nicaraguael-sueño-de-una-generación

mardi 16 décembre 2014

Nicaragua honró a brigadistas argentinos (2)

Nosotros después de la Revolución tuvimos una guerra, una contrarrevolución que no nos dejó gobernar en paz. El imperialismo norteamericano no se quedó de brazos cruzados e inmediatamente en el 80 se movilizan nuestros jóvenes guerrilleros y guerrilleras, desarmados para llevar el pan de la enseñanza con la cruzada de alfabetización. Mientras tanto, se organiza en Honduras una contrarrevolución financiada por el imperialismo de Estados Unidos que capacitó a mercenarios e inclusive contó con la participación de otras dictaduras, como ser la de Argentina. Así fue que comenzaron a asesinar a nuestro pueblo, por lo que tuvimos diez años de guerra prolongada donde no tuvimos una sola casa, una familia que no tuviera un muerto. La única manera de que el imperialismo dejara de seguir matando, fue haber perdido las elecciones. Sabíamos que íbamos a perder, incluso muchos sandinistas votaron en contra suyo. Entonces surgió un gobierno neoliberal que por 16 años mantuvieron una violación de los derechos humanos, con nuevas privatizaciones de servicios sociales básicos. Surgió otra vez la pobreza extrema y el analfabetismo. Cuando llegamos en 2007 era el 27 por ciento los analfabetos, cuando habíamos logrado eliminarla anteriormente. Entonces, cuando volvimos retomamos los programas sociales y nos organizamos territorialmente. Otra vez Nicaragua fue declarada libre de analfabetismo. Eso se lo debemos al legado de Sandino como al de nuestros mártires”, recordó la diplomática nicaragüense.
Internacionalistas en las brigadas de café.

JUAN PABLO SARKISSIAN, PERIODISTA DE EL CIUDADANO, FUE UNO DE LOS 120 INTEGRANTES DE LA BRIGADA GENERAL SAN MARTÍN

“En el medio del monte íbamos a la cosecha a juntar el grano rojito que son granos de café, plantas de un metro y medio de alto. Dan un fruto colorado y por eso la llaman «la cosecha del rojito»”, afirma Juan Pablo Sarkissian, periodista de El Ciudadano y uno de los 120 integrantes de la Brigada General San Martín, la primera y más grande, que fue a colaborar con la triunfante Revolución Sandinista hace 30 años.
Apenas triunfó el pueblo nicaragüense con su revolución y junto al Frente de Liberación Nacional Sandinista pudo expulsar al dictador Anastasio Somoza, recibió el ataque de los denominados “contras”, paramilitares y mercenarios armados por la oligarquía nicaragüense y el gobierno de Estados Unidos para desestabilizar a la nueva administración revolucionaria.
En ese contexto, el país necesitó el apoyo solidario de todo el mundo. Hacia ese lugar fueron tanto los argentinos, como voluntarios de todo el mundo.
En Managua, nos encontramos con gente de todas partes. Norteamericanos, holandeses, italianos”, recuerda Sarkissian, quien agrega que luego de pasar algunos días en la capital nicaragüense, fueron a la zona rural a la junta del café, donde tomó contacto con los campesinos y con la memoria ardiente de la Revolución Sandinista.
Te daban un canasto que te lo atabas a la cintura y con las dos manos trabajabas. El otro implemento era una bolsa de arpillera de plástico y con el canasto lo sacabas y lo metías en la bolsa. En la jornada venía un camión que juntaba la producción”, sostiene el brigadista y ferviente leproso.
Sarkissian también recuerda que “se arrancaba temprano, a las cinco de la mañana, y la jornada era todo el día” y que lo más complicado era lidiar con la lluvia.
Defensa y cosecha en la montaña.

En Nicaragua hay lluvia todo el tiempo y lo habitual era estar mojado. Así que, por más que lloviera, se salía a trabajar lo mismo. Por eso, cuando volvíamos a la cabaña, siempre teníamos una muda de roja seca y la otra se armaba un fogón para secarla. Si por alguna cuestión había que salir otra vez, te ponías la ropa húmeda”, expresó el periodista.
En tanto, en el balance de la experiencia, el contacto con los campesinos y el intercambio de experiencias, fue lo más apreciado.
En total, éramos más de 600 cosecheros, y la brigada unos 120, por lo que eran mayoría nicaragüenses. Siempre estábamos en contacto con la gente, con los campesinos y charlábamos sobre su forma de vida, la nuestra, sus experiencias políticas, la Revolución, etc.”, rememora Sarkissian.
Los brigadistas compartían sus actividades campesinas con otras políticas en las que eran visitados por guerrilleros o dirigentes políticos de todo el mundo, y que, después de la faena agrícola, el agotamiento hacía que se cenara y se durmiera temprano.
Sarkissian también recuerda los problemas de adaptación al régimen alimentario, con algunas enfermedades, porque comían tortillas de maíz y poca carne.

En cuanto a la carne, era muy raro porque los nicaragüenses no tienen eso en sus dietas. Sólo de chancho, y no siempre. Una vez se cayó una vaca de un barranco y hubo que aprovecharla. La cuerearon e hicieron algo. Sin embargo, los nicaragüenses no supieron aprovechar, como nosotros, las achuras de ese animal”, cerró Sarkissian, haciendo referencia a la costumbre argentina de comer hasta las entrañas de la vaca.
Brigada argentina durante la cosecha de café.

dimanche 7 décembre 2014

Nicaragua honró a brigadistas argentinos (1)

La embajadora del país centroamericano, Norma Moreno, reconoció a un grupo de brigadistas santafesinos que colaboró con la Revolución Sandinista cuando viajaron como voluntarios, entre otros miles de todas partes del mundo.

Publicado el 17 de noviembre de 2014 en El Ciudadano Web (Argentina)

“Nuestro pueblo está muy agradecido, nuestra Revolución, nuestro por el comandante presidente Daniel Ortega, todos sentimos un profundo afecto y admiración pueblo argentino y a otros pueblos hermanos, cuyos jóvenes, pibes dejaron su patria por ir a vivir la experiencia de la Revolución nicaragüense”, expresó la embajadora de Nicaragua en Argentina, Norma Moreno antes del acto de homenaje y reconocimiento a los brigadistas argentinos que, hace 30 años, fueron al país centroamericano que había sido escenario de una revolución social, a colaborar con trabajo para poner en marcha ese proceso.
El pasado viernes 30 de octubre se entregaron diplomas a brigadistas argentinos que viajaron a colaborar con la Revolución Sandinista hace 30 años. La embajadora de ese país junto a militantes del Partido Comunista, homenajearon a los voluntarios en el Cefma (en La Toma) en un evento en el que también se recordó la primera vez que fue homenajeado Ernesto Che Guevara en Rosario.

“Ellos fueron a vivir con nuestros campesinos y campesinas, a comer porotos los tres tiempos, porque es la comida básica de los proletarios de la región norte de nuestro país, de la zona rural. Realmente dejaron todas sus comodidades para aportar su granito de arena con nuestra revolución y con nuestra producción. Levantar la producción es convivir con el campesinado y también una forma inmensa de dar amor, afecto. Es una forma de mística, compromiso y militancia. El pueblo de Nicaragua agradece muchísimo y es por eso que vamos a rendirles homenaje, porque se lo merecen. Ellos no lo pidieron pero tenemos el deber moral, como sandinistas, de entregarles un reconocimiento a estos compañeros y compañeras. También vamos a aprovechar para homenajear a quienes estuvieron en otros frentes, en otras tareas de la revolución, como la campaña nacional de alfabetización, en las brigadas de salud”, relató la embajadora nicaragüense.
Después de decenas de años bajo la dictadura de la familia Somoza que sumió en la pobreza a los nicaragüenses, triunfó en 1979 la Revolución Sandinista, un proceso que convocó a toda la sociedad y principalmente a los jóvenes de las clases más postergadas.
“La de Nicaragua fue una revolución de niños, niñas y jóvenes. La lucha armada fue protagonizada por la juventud. Porque queríamos la libertad de nuestro pueblo, naturalmente. Esa dictadura nefasta dejó mucha muerte, mucho dolor, mucha sangre y el enriquecimiento de unos pocos. Existía una violación sistemática y sistémica de todos los derechos humanos fundamentales, de los derechos sociales básicos. Implementaron la privatización de salud, de los servicios básicos, de la vivienda. No había programas de vivienda para la gente humilde y a la universidad sólo podían ir los hijos y las hijas de la oligarquía. Por eso fue que se organizó el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Uno de sus fundadores es Carlos Fonseca Amador, a quien este 8 de noviembre recordaremos con un acto homenaje”, recuerda Moreno de sus inicios en el Sandinismo.

Para ayudar a ese proceso, viajaron de todas partes voluntarios al igual que sucedió con la Guerra Civil española. Desde Argentina fue la Brigada General San Martín, que ayudó en la recolección de café y en la que participaron los rosarinos, justamente los que fueron reconocidos, Pablo Jorge Bertinat, Lucía Viale, Oscar Pellegrini, Juan Pablo Sarkissian, Sergio Shillman, Roberto García, Fidel Vivanco, Diana Polito, Gabriel Andrés Vergara, Rogelio Bramajo y Pablo Krazuc. Ese apoyo a un pueblo hermano fue contrapeso a políticas de otros países.